El plan del presidente Donald Trump de levantar un muro a lo largo de la frontera con México pasa por alto un cambio crucial sobre la manera en que la gente ingresa a Estados Unidos sin autorización legal: Muchos de ellos no intentan burlar una valla ni evaden a las autoridades; simplemente se entregan y solicitan asilo.

Las solicitudes de asilo han aumentado en años recientes, especialmente desde 2014, cuando las familias y niños sin acompañantes que huían de la violencia en Centroamérica abrumaron a los agentes fronterizos en Texas.

Aquellos que manifiestan temor por regresar a sus lugares de origen suelen ser liberados en territorio estadounidense con la orden de presentarse ante un juez de inmigración. Por lo general toma años a los atiborrados tribunales llegar a un veredicto en los casos de asilo.

"La migración es muy, muy diferente ahora", señaló Gil Kerlikowske, comisionado para la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) de 2014 hasta la semana pasada, el jueves. "La gente llega a nuestros puertos de entrada, se acercan y piden algún tipo de protección".

La CBP no ofrece cifras sobre la cantidad de migrantes que se entregan por voluntad propia ni de cuántos son detenidos mientras tratan de evitar la captura, pero se aproxima un cambio radical.

Quienes han sido agentes de la Patrulla Fronteriza por mucho tiempo afirman que su labor es cada vez más sobre cambiar pañales en centros de retención que sobre perseguir personas por montañas y desiertos.

Mark Morgan, que el jueves renunció bajo presión a su cargo de jefe de la Patrulla Fronteriza apenas siete meses después de su nombramiento, dijo ante un panel del Senado el mes pasado que nunca pensó que comprar talco para bebés y toallitas limpiadoras sería parte de su trabajo.

"Recién vengo de un sector en el que los agentes, una de sus tareas del día, es asegurarse de que los alimentos, los burritos que nos fueron proporcionados, se encuentren suficientemente calientes", indicó Morgan. "Se requiere una enorme cantidad de recursos para hacer esto".

La frontera de 3.200 kilómetros (2.000 millas) cuenta con cerca de 1.120 kilómetros (700 millas) de valla, mucha de ella erigida en California y Arizona durante el segundo mandato del entonces presidente George W. Bush, cuando quienes cruzaban la frontera eran en su mayoría hombres de nacionalidad mexicana.

Pero eso también ha cambiado. En 2014, el número de centroamericanos detenidos por la Patrulla Fronteriza ha superado la cantidad de mexicanos por primera vez. Y muchos de ellos eran mujeres y niños que se entregaban por ellos mismos. Además, un estudio del Centro Pew de Investigación encontró en 2015 que la cifra de mexicanos que abandonaban Estados Unidos estaba en aumento, lo que representa un giro drástico.

Los arrestos realizados por la Patrulla Fronteriza —una medida clave de cruces sin autorización legal— aumentaron 23% a 415.815 durante el periodo de 12 meses que culminó el 30 de septiembre, un alza de la cifra del año anterior, que fue la más baja en 44 años. Aun así, fue la quinta cantidad más baja desde 1972 y representó un descenso de 75% de un punto máximo cercano a las 1,7 millones de personas en el año 2000. Los arrestos en la frontera incluyen los de algunos migrantes que se entregaron por voluntad propia y pidieron asilo.