Los peores incendios forestales en la historia de Chile avanzaban descontrolados el miércoles matando a un bombero y dos policías que quedaron envueltos por las llamas mientras intentaba ayudar a un par de familias de comunidades rurales, confirmaron las autoridades.

Los siniestros han consumido más de 160.000 hectáreas en el país en las últimas semanas y han calcinado viviendas rurales, graneros con forraje, bosques y ganado, mientras los lugareños huyen de las gigantescas lenguas de fuego. El miércoles se quemaron decenas de casas, según informes de periodistas en la zona.

El voluntario Hernán Avilés González, 27 años, es el primer bombero que muere en los siniestros que arrasan el centro sur chileno desde hace unos diez días. El joven murió en Santa Olga, una localidad a 140 kilómetros de Talca, desde donde había acudido a ayudar.

Los policías fallecieron luego de evacuar a una familia cuya vida peligraba por un incendio cerca de Constitución, 360 kilómetros al sur de Santiago. Cuando regresaron a Maquehua para asegurarse de que no quedaban más personas en el área, el fuego les impidió huir, indicó el ministro del Interior, Mario Fernández.

Al atardecer, las llamas se acercaban a Concepción, una de las ciudades más importantes del país, a 500 kilómetros de Santiago, y en las cercanías de Penco, a 8 kilómetros de la primera, mientras decenas de focos estaban esparcidos por las regiones del Maule y O'Higgins.

Bomberos entrevistados por la televisión estatal suplicaron por aeronaves lanza agua para poder acercarse y hacer cortafuegos.

Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), el miércoles había al menos 64 siniestros activos en los cerros y bosques del centro sur chileno y 30 controlados, lo que significa que aunque ya no exhiben lenguas de fuego, la tierra está hirviendo porque las raíces de la vegetación siguen quemándose debajo de la superficie. Cualquier cambio o aumento en la velocidad del viento podría reactivarlos.

Según la CONAF, son decenas los poblados y comunas en peligro de ser alcanzados por incendios de "comportamiento conflictivo" que avanzan hacia ciudades como Cauquenes, 350 kilómetros al sur de Santiago, o la comuna de Florida, cuya escuela y varias casas ahora son cenizas.

El Colegio Médico Veterinario se ha desplegado por esas zonas para tratar de ayudar a apicultores que aún no han perdido a sus abejas, mientras cada día crece el número de ganado calcinado, que incluye caballares y ovejas. Las especies de fauna silvestre muertas o heridas son incalculables.

La presidenta Michelle Bachelet visitó el miércoles la localidad de Empedrado, 360 kilómetros al sur de Santiago, donde fue duramente increpada por varias mujeres que hace días viven con la amenaza del fuego cerca de sus viviendas.

"Después de diez días viene a reaccionar con su pueblo", dijo una mujer, mientras otra agregó que "el fuego estaba detrás de las casas... ¿cómo lo va a saber usted si usted no vive aquí?", añadió otra. La mandataria respondió que el gobierno se ha movido desde el comienzo.

La CONAF y la Oficina Nacional de Emergencia tienen cerca de 40 helicópteros y pequeños aviones trabajando, pero han resultado insuficientes. La mitad de las aeronaves del organismo están fuera de operación, admitió su director Aaron Cavieses.

El miércoles temprano aterrizó en Chile el mayor avión anti-incendios del mundo, que puede lanzar 73.000 litros de agua de una vez frente a los 5.000 ó 6.000 litros que descargan los que están trabajando. El Supertanker fue aportado por la chilena Lucy Ana Avilés, que reside en Colorado, Estados Unidos, y quien enfrentó una fuerte resistencia de la CONAF por desconfianza de que la aeronave pueda funcionar en las regiones de O'Higgins y Maule, las más afectadas, por su topografía de pequeños valles rodeados de cordillera, declaró desde Estados Unidos Avilés.

Sin embargo, el Supertanker lanzó 72.000 litros de agua en dos pasadas a 100 metros de altura sobre la amenazada localidad de Hualañe y Empedrado, y los resultados fueron considerados exitosos por el comandante de bomberos de Santiago Sur, Alex Alarcón. "Se humedeció el terreno y se logró aminorar el fuego en zonas a las que no podemos llegar por la geografía, especialmente en cerros, donde cambia el viento", aclaró.