El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, admitió el miércoles que hubo demoras y "errores" en la respuesta del gobierno a la avalancha que sepultó un hotel de montaña, aunque señaló que no es el momento de buscar un chivo expiatorio.

En una comparecencia ante el Parlamento, Gentiloni dijo que el gobierno no tiene miedo de la verdad y que las investigaciones penales dirimirán responsabilidades.

Sin embargo, señaló que estas pesquisas no pretenden "agriar las aguas" y dijo que comparte la búsqueda de la verdad, pero no la caza de un chivo expiatorio que se está produciendo.

Las grabaciones de una llamada de emergencia han mostrado cómo la oficina del prefecto de Pescara restó importancia a las primeras alarmas sobre la avalancha, afirmando a la persona que llamaba que el hotel estaba bien.

Veinticuatro personas murieron en el desastre y cinco permanecen bajo los restos del establecimiento.

Los equipos de rescate recuperaron el miércoles varios cuerpos más de entre los escombros, con lo que ya son 23 las víctimas encontradas, mientras lloraban a los colegas fallecidos en un choque de helicóptero en la región.

El helicóptero de emergencias se estrelló el miércoles contra la ladera de una montaña durante el rescate de un esquiador herido. Los dos pilotos, tres tripulantes y el esquiador murieron. Algunos de los miembros de la tripulación habían estado trabajando hasta el lunes en el lugar del alud, a unos 100 kilómetros (60 millas) de distancia.

Los equipos de rescatistas que trabajan en el Hotel Rigopiano, arrasado por un alud el 18 de enero, reportaron que la cifra oficial de fallecidos subió a 23 personas, con otras seis desaparecidas bajo las toneladas de nieve y escombros. La operación de búsqueda continúa.