Reclusos armados con machetes y cuchillos seguían parapetados el viernes en una prisión en el nordeste de Brasil en la que 26 prisioneros murieron.

Las tensiones en el penal de Alcacuz, en las afueras de Natal, seguían altas un día después que reclusos de pandillas rivales pelearon en el patio y erigieron barreras con puertas y colchones.

Había varios heridos, pero las autoridades no han conseguido recuperar el control de la prisión y por tanto no pudieron proveer detalles. Mientras tanto, se teme que más violencia se disemine a la ciudad, donde ya han sido incendiados 20 autobuses.

"Nadie nos da información sobre la situación adentro", dijo Luciana Apolinario, una de las personas, mayormente mujeres, acampadas en el exterior. Apolinario, cuyo hijo cumple sentencia por tráfico de drogas, dijo que las familias se estaban enterando de lo que sucedía por medio de reclusos con celulares.

El mayor país de Latinoamérica ha experimentado una ola de violencia en prisiones en semanas recientes, con al menos 126 muertos desde el inicio del año.

En el penal de Alcacuz, reclusos de la pandilla Sindicato del Norte seguían en el patio, con armas en las manos, al tiempo que rezaban y cantaban esporádicamente. Mientras tanto, reclusos pertenecientes a Primer Comando, la mayor red criminal de Brasil, con sede en Sao Paulo, entraban periódicamente al pabellón.

Aparentemente los rescatistas arrojaron camillas a una zona de la prisión controlada por Primer Comando y tres reclusos heridos fueron sacados. Uno tenía un balazo en el cuello y la bala seguía alojada en su cuerpo.

Cuando eran subidos los heridos, las mujeres en las afueras gritaron. Algunas tenían los rostros cubiertos, que lo resalta el temor de que la disputa en la prisión se derrame al exterior.

Los guardias y la policía militar no han ingresado a la penitenciaría, limitándose en lugar de ello a lanzar gas lacrimógeno para desbaratar trifulcas.

Se esperaba el arribo de soldados del ejército más tarde, luego de que el gobernador del estado de Rio Grande do Norte pidió su ayuda para mantener el control.

El jueves por la noche, una unidad de policías antimotines ingresó brevemente a la prisión para sacar a varios reclusos heridos durante los choques, pero no forzaron a los reclusos a regresar a sus celdas ni separaron a las dos partes enfrentadas.