Ha sido imposible escapar de la sombra de Donald Trump en la reunión de la élite empresarial de este año en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

La incertidumbre por lo que Tump hará una vez que asuma el cargo el viernes y si su presidencia implicará el final de la globalización dominaron las discusiones en el evento de esta semana, el cual se ha vuelto más que ninguno sinónimo de los negocios internacionales.

Por supuesto también se habló de ambiciones idealistas, desde combatir las epidemias hasta lidiar con iniquidades en todo el mundo, pero inevitablemente toda charla volvía hacia Trump, quien ha prometido reescribir acuerdos de libre comercio e incluso imponer aranceles a China, la segunda economía más grande del mundo.

"¿Realmente creo que vamos a regresar al proteccionismo? Todavía no lo sé en realidad y puedo prometerles que estoy poniendo mucha atención a eso porque el comercio nos importa", dijo David Cote, presidente y director general del conglomerado industrial Honeywell. "Es un poco pronto para presionar el botón de pánico; tenemos que ver que pasa aquí al final".

Roberto Azevedo, director general de la Organización Mundial de Comercio, el árbitro del comercio global, recordó a los delegados que en la década de 1930 las acciones unilaterales elevaron los aranceles y causaron un "efecto dominó" que acabó con dos terceras partes del comercio mundial en tres años.

"Eso sería una catástrofe de proporciones inimaginables", dijo.

Si el comercio mundial retrocede o no, es evidente que la globalización —el compromiso para quitar barreras para hacer negocios en todo el mundo— está bajo amenaza como no lo estuvo en décadas.

Las principales acusaciones son que la globalización ha incrementado las desigualdades en riqueza, erosionó la seguridad laboral para las familias de ingresos bajos y medios en los países en desarrollo y mantuvo topados los salarios porque las empresas buscaban mano de obra barata en los países más pobres. El vertiginoso ritmo de las innovaciones tecnológicas está volviendo redundantes los empleos, en particular en industrias como la manufacturera.

La organización Oxfam ilustró el tema de la aguda desigualdad en un reporte esta semana donde se dio a conocer que sólo ocho multimillonarios en el mundo poseen prácticamente la mitad de la riqueza del mundo.

Por su parte, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, dijo que se necesita un cambio en el sistema internacional. Lidiar con la desigualdad tendría que convertirse en una preocupación central para los gobiernos, dijo, agregando que eso podría implicar una mayor distribución de la riqueza. Un duro mensaje entregado ante una audiencia de millonarios y multimillonarios.