Horas antes de que Donald Trump preste juramento como presidente de Estados Unidos, varias decenas de personas llenaron un club nocturno en Moscú para celebrar el hecho.

"Trump, Trump, es increíble. Trump, Trump, él es Superman, Trump, Trump, símbolo de Estados Unidos. Trump, Trump, él es realmente presidente", cantó en inglés un intérprete de 82 años nacido en la Unión Soviética ante la muchedumbre reunida la noche del jueves en el club Arbat 13.

La celebración en el pequeño club de jazz ubicado muy cerca de la torre de la era de Stalin que alberga el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia pudo haberse adelantado, pero no fue el único lugar que celebraba a Trump en la capital que alguna vez el presidente Ronald Reagan asoció con un "imperio maligno".

Frente a la instalación de la embajada de Estados Unidos en el centro de Moscú, la tienda del Ejército ruso ofreció un cartel con la fotografía del presidente estadounidense entrante para anunciar descuentos de 10% a empleados de la embajada y ciudadanos estadounidenses por el día de la investidura.

"Los rusos celebran mucho. Nosotros celebramos las festividades rusas, las festividades extranjeras. Yo lo celebro porque no es un secreto que los rusos se alegraron de que ganó Trump", comento Igor Khaletsky, propietario de Arbat 13, cuando se le preguntó por qué los rusos querrían hacer fiesta en honor de un presidente de Estados Unidos.

Meses antes de la elección de noviembre, legisladores rusos manifestaron abiertamente su respaldo a Trump. Funcionarios del Kremlin también hicieron declaraciones que claramente indicaron que Moscú prefería ver a un empresario acaudalado en la Casa Blanca en lugar de a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

El presidente Vladimir Putin hizo esta semana un último comentario de despedida contra el gobierno del presidente Barack Obama, al que acusó de tratar de socavar la legitimidad de Trump con acusaciones falsas y de "tratar de atar sus manos y pies para evitar que cumpla sus promesas electorales".

La fiesta por la investidura del jueves en el club de jazz atrajo a una multitud curiosa: turistas canadienses, un entrenador personal estadounidense, amigos rusos de los artistas de esta noche y al propietario de un restaurante provincial llamado Trump.