Los vecinos de Piornal se han lanzado a la calle desde el jueves para arremeter con 20.000 kilos de nabos contra dos voluntarios disfrazados de Jarramplas, las figuras que según la tradición representan a un ladrón de ganado expulsado del pueblo a golpe de hortalizas.

El festival se celebra en Piornal cada 19 y 20 de enero en honor al patrón del pueblo, San Sebastián, y es tan único como popular. El ayuntamiento dice que la lista de voluntarios para exponerse al escarnio de los vecinos está completa hasta el año 2037.

Los dos elegidos para esta edición han esperado una década. Su misión es calzarse una armadura de 40 kilos cubierta de cintas de colores y una máscara de aspecto demoníaco parar recorrer las calles con un tamboril y soportar la lluvia de nabos de gran calibre. Y no una, sino cuatro veces por día.

"Es un poco salvaje si se ve desde fuera y no se entiende, pero la gente se lo pasa bien," explicó Mario Sánchez. El joven de 28 años soportó estoicamente los impactos de los nabos: "Tú vas disfrazado y lo vas disfrutando, no hay dolor, no hay sufrimiento; es una fiesta bellísima," añadió.

Sánchez dice que el festival se ha ido adaptando a los tiempos. Los Jarramplas llevan ahora protección en el pecho y los menores ya no pueden participar, explica.

Los accidentes son frecuentes pero sobre todo entre los lanzadores de nabos y curiosos. Incluso, una treintena de ellos tuvo que recibir atención el jueves de los servicios de salud, incluido un fotógrafo de The Associated Press.