Mientras las autoridades investigan qué provocó una letal balacera durante un festival de música electrónica, los residentes hablan de un creciente y nada discreto tráfico de drogas en las calles de este centro turístico en la costa del Caribe, que había escapado a la guerra entre los carteles mexicanos.

La preocupación porque la violencia pueda asentarse a Playa del Carmen se manifestó el lunes durante una vigilia nocturna ante la discoteca Blue Parrot, donde cinco personas fallecieron y otras 15 sufrieron heridas de diversa consideración en un tiroteo de madrugada.

"Esto es una muestra de lo que ha estado pasando", dijo Lenin Amaro, un empresario y político local.

"Nos ha alcanzado", agregó en relación a la violencia asociada al narcotráfico que sacude al país. "Vivíamos nosotros en lo puedes llamar una burbuja".

Los investigadores intentan determinar la causa del tiroteo, pero el fiscal de Quintana Roo, Miguel Ángel Pech, explicó que el incidente ocurrió cuando el personal de seguridad intentó impedir la entrada de un hombre armado al club y descartó que se tratase de un acto terrorista.

Tres de los fallecidos formaban parte del equipo de seguridad del BPM, un festival de música electrónica que dura 10 días, explicó Pech. Al parecer, el tirador habría huido.

El gobernador del estado, Carlos Joaquín, calificó la balacera de "conflicto personal" entre dos personas que intercambiaron disparos. No aclaró de qué tipo de problema se trató.

Las autoridades federales señalaron que el cartel de los Zetas tiene una fuerte presencia en el estado desde hace años, especialmente en Cancún, que está una hora al norte de Playa del Carmen. En 2010, la organización fue acusada de atacar un bar de Cancún causando ocho muertos.

En la lista de fallecidos publicada el lunes por las autoridades aparecen dos ciudadanos mexicanos, un canadiense, un estadounidense y un italiano. Otras 15 personas resultaron heridas, incluyendo al menos dos procedentes de Canadá y otras dos de Estados Unidos.

Un hombre que estaba en el interior del local en el momento del tiroteo dijo que se escondió en un almacén con otros cuatro hasta que cesaron los disparos. Reside en la zona y es un habitual de la discoteca, por lo que habló bajo condición de anonimato por seguridad.

Según su relato, los Zetas controlan todo el tráfico de drogas en el centro turístico del Caribe mexicano y, en los grandes clubes, el cartel tiene varias personas que se dedican a la venta de estupefacientes, normalmente en el exterior de los baños. En los dos últimos años, la venta de droga es más evidente que antes.

"En esta zona los Zetas lo controlan todo y por eso todo está bien", dijo. "Todos los clubes de aquí, todos los clubes, están controlados. En los baños, en todas partes, controlan las drogas. Te ofrecen drogas abiertamente. Los hombres de negocios, los de los clubes nocturnos, no pueden hacer nada. Pueden quemar tu edificio".

Las autoridades locales toleran la presencia de narcotraficantes mientras no "metan la pata", agregó.

Por este motivo no cree que el cartel sea el responsable de la balacera. "Los Zetas no hacen esto porque van a matar su propio negocio", dijo. "Si no hay clientes no hay drogas".

Él y otros especularon con que un miembro de una banda rival intentó vender droga en el local o quizás perjudicar su negocio. La seguridad no utilizaba detectores de metales, explicó.

Un promotor extranjero que asistió al festival pero que estaba en otro evento en Playa del Carmen en el momento de la balacera, señaló que muchos asistentes se marcharon a Tulum, más al sur, por miedo a quedarse en la ciudad. Varias fiestas que no estaban directamente relacionadas con el festival, pero que buscaban aprovecharse de la presencia de tantos DJs en la zona en los próximos días, fueron canceladas, agregó.

El promotor, que pidió hablar bajo condición de anonimato por motivos de seguridad, lamentó que el crimen organizado dañase el festival.

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El periodista de The Associated Press Mark Stevenson, en Ciudad de México, contribuyó a este despacho.