La salida del sol avisa a las docenas de miles de personas en la calles de esta pequeña ciudad del norte de Brasil que es hora de comenzar a caminar hacia la iglesia de San Benito.

Iniciada en 1798, la Marujada es una celebración religiosa que combina tradiciones indígenas, africanas y portuguesas. Surgió cuando esclavos negros convencieron a sus amos para que les dejaran formar una hermandad y homenajear al santo.

Para la procesión, las mujeres se visten con falda azul, blusa blanca y un sombrero circular del que salen lazos de colores. Los hombres llevan pantalón blanco y camisa azul.

Algunas personas portan imágenes del Niño Jesús y otras sostienen fotografías de San Benito.

Durante la última procesión, el día de Navidad, Jose Batista, de 62 años, caminaba lentamente con un grupo de hombres de todas las edades.

"Es una forma de mostrar agradecimiento y cumplir las promesas por todos los milagros que uno recibe", señaló.

A su llegada al templo, los asistentes pasan la jornada bailando Lundu, una danza por parejas originada en Angola que supone dar vueltas en círculos.

Al día siguiente, los asistentes se visten de rojo, un color presente también en las decoraciones callejeras, mientras la ciudad comienza un día de fiesta.

Clara Padilha Gomes, de 77 años, dijo que participa para dar gracias por su hijo.

"Mientras viva, Mientras viva, será devota", explicó. "Una persona tiene que tener fe".