I Am Eve (for Mahsa Vahdat), 2010
Obra de la fotoperiodista iraní Newsha Tavakolian © Newsha Tavakolian

El autorretrato, titulado muy convenientemente Speachless (Sin palabras), muestra a la fotógrafa Shirin Neshat, nacida en Irán (1957) pero residente en Nueva York, con la cara cubierta por versículos del Corán escritos sobre la piel. La obra, que forma parte de la serie Women of Allah (Las mujeres de Alá), es una transgresión poética y combativa de la feminidad en los países islámicos, circunstancia que queda clara cuando observamos que entre el rostro de la artista y el negro hijab (velo) con el que se cubre asoma el cañón metálico de un arma de fuego.

En otra imagen, Mother, Daughter, Doll (Madre, hija, muñeca) firmada por la yemení Boushra Almutawakel (1969), vemos un mosaico de nueve fotos de una joven madre en cuyo regazo descansa su hija, una niña que, a su vez, sostiene una muñeca. Desde la primera a la última foto el aspecto exterior de las protagonistas cambia: de lucir ropas de colores alegres que dejan al aire el pelo de la niña pasan a aparecer tapadas por sendos hijabs y luego por burkas que sólo dejan al aire los ojos. El último cuadro es el de un pedestal vacío con una tela negra. Las mujeres han desaparecido.

Reproductores de música y maquillaje prohibidos

Otra foto más muestra a una joven iraní leyendo un diario, una actividad considerada impropia de mujeres por los sectores más extremistas del régimen islámico que gobierna el país. Es una de las piezas de la mítica serie Qajar (1998), donde Shadi Ghadirian, nacida en 1974 en Teherán, ciudad donde todavía reside, yuxtapone a jóvenes iraníes en atuendos tradicionales sosteniendo objetos que estaban prohibidos en aquel momento: instrumentos musicales, reproductores de música, artículos de maquillaje...

Romper la idea de que son un cuerpo social oprimido hasta el punto de carecer de voz propia Son solamente tres ejemplos del tipo de obras que componen la exposición She Who Tells a Story: Women Photographers from Iran and the Arab World (La que cuenta la historia: mujeres fotógrafas de Irán y del mundo árabe), que exhibe hasta el 12 de enero de 2014 el Museo de Bellas Artes de Boston. Las doce mujeres agrupadas para la muestra colectiva quieren "romper los límites" y combatir los estereotipos sobre la situación femenina en los países islámicos, impugnando hasta donde es posible el tópico de que se trata de un cuerpo social oprimido hasta el punto de carecer de voz propia.

Retratos de estrellas del pop perseguidas en Irán

En la exposición, una muestra más del creciente interés que despiertan las pujantes e inquebrantables fotógrafas de los países musulmanes, pueden verse trabajos de, además de las citadas, Gohar Dashti (Irán, 1980), Jananne Al-Ani (Iraq, 1966), Rana El Nemr (Egipto, 1974), Lalla Essaydi (Marruecos, 1956), Tanya Habjouqa (Jordania, 1975), Rula Halawani (palestina nacida en Jerusalén, 1974), Nermine Hammam (Egipto, 1967), Rania Matar (Líbano, 1964) y Neshwa Tavakolian (Irán, 1981). Esta última, que nunca ha abandonado su país pese a las dificultades de una mujer para realizar un trabajo que el integrismo limita a los hombres, es un verdadero emblema del fotoperiodismo iraní, firmó reportajes que circularon mundialmente sobre las últimas elecciones en el país y ha retratado a cantantes de pop reprimidas por el régimen.

Romper con las pirámides, los lugares bíblicos y las danzas del vientre Los organizadores de She Who Tells a Story esperan que la exposición rompa con los estereotipos, aún persistentes y derivados de las antiguas corrientes artísticas fascinadas por el exotismo de Oriente, que consideran al mundo árabe como "culturalmente inferior", representándolo con imágenes que recurren a los tópicos de "las pirámides, los lugares sagrados bíblicos y las escenas de harenes y danzas del vientre" o a los "mitos de las Mil y una Noches que aún persisten".

La coordinadora de la muestra, Kristen Gresh, reconoce sin embargo alguna paradoja dentro de tantas imágenes poderosas: "Estas fotos combaten los estereotipos, pero la decisión de presentar a las fotógrafas como un colectivo puede ser vista, irónicamente, como la confirmación de un estereotipo".