Amantes de la cerveza de todo el mundo llegaban el sábado a la Theresienwiese de Múnich para el inicio del popular Oktoberfest, que ha reforzado sus medidas de seguridad tras los últimos ataques registrados en el país.

Se espera que unos seis millones de visitantes acudan al festival anual de la cerveza que se celebra en la capital de Baviera hasta el 3 de octubre.

Según la tradición, las jarras de cerveza deben permanecer vacías hasta que el alcalde de la ciudad, Dieter Reiter, inaugure la fiesta abriendo el primer barril a mediodía del sábado.

Las mochilas de gran tamaño están prohibidas y todos los visitantes deben pasar controles de seguridad para acceder al recinto, que estará controlado por varias videocámaras.

Este verano, Baviera fue blanco de tres ataques en una semana. Dos fueron perpetrados por solicitantes de asilo y reivindicados por el grupo Estado Islámico; varias personas resultaron heridas, pero solo los atacantes murieron. En un incidente no relacionado, un adolescente mató a tiros a nueve personas en un centro comercial de Múnich y luego se quitó la vida.