El Hotel Chelsea de Nueva York pierde su magia y su leyenda al desalojar a los residentes

  • En agosto de 2011 el nuevo propietario canceló todas las reservas y cerró el hotel de manera temporal para empezar la renovación.
  • Desde entonces, algunos residentes se han marchado "animados" por el hotel.
  • Los precios de los alquileres del Chelsea oscilan entre 600 y 7.000 dólares/mes.
Fachada del Hotel Chelsea, abierto en Nueva York en 1905.
Fachada del Hotel Chelsea, abierto en Nueva York en 1905.
WIKIPEDIA

No es el mejor hotel de Nueva York, pero si uno de los más famosos. No es lujoso como el Astoria; el Hotel Chelsea es simplemente mítico. Cosas que pasan cuando en tus habitaciones han "descansado" Bob Dylan, Janis Joplin, Leonard Cohen, Andy Warhol, Sid Vicious y tantos otros, y encima lo han contado y cantado.

Te recuerdo en el Hotel Chelsea. Ya eras famosa, tu corazón era una leyendaPor ejemplo, Leonard Cohen, que en 1974, dedicó al hotel neoyorquino una de sus canciones: "Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea. Ya eras famosa, tu corazón era una leyenda". Pero no es el único. Han escrito canciones sobre el Chelsea Hotel desde Bob Dylan a Jon Bon Jovi, pasando por Nico, Joey Ramone, Jefferson Airplane o la más reciente de Lana del Rey.

Situado en el 222 Oeste de la Calle 23rd, entre la Séptima y la Octava avenida, el edificio fue construido en 1883, pero abrió como hotel en 1905.

El Chelsea Hotel fue el primer edificio que se enumeró en la ciudad de Nueva York como lugar cultural y edificio histórico. Luego llegaron artistas, músicos y escritores que hicieron del hotel un centro artístico del Nueva York más bohemio.

Pero los buenos tiempos, como en la canción, han pasado. El Hotel Chelsea ha perdido en los últimos meses muchos de sus inquilinos permanentes, que decidieron abandonar el que fue su hogar tras los últimos cambios en su gestión: la magia y el encanto parecen haberse esfumado.

Ya no se ruedan películas, no hay artistas y mucha gente se está marchandoDesde que en agosto de 2011 el nuevo propietario, Joseph Chetrit, decidió cancelar todas las reservas y cerrar el hotel de manera temporal para empezar la renovación, la vida para los vecinos –que sí han podido quedarse mientras duren las obras– ha cambiado mucho.

"El hotel nunca volverá a ser lo que era. Ya no se puede alquilar a nuevos inquilinos y desde que empezaron las obras ha perdido vida: ya no se ruedan películas, no hay artistas y mucha gente se está marchando", afirma Mai-Lai Liang, residente del hotel desde hace 25 años.

Así, este histórico edificio de ladrillos rojos es mucho más que un hotel para turistas curiosos. Las fotografías familiares, los libros de cocina o los dibujos infantiles que cuelgan en algunas de sus habitaciones demuestran que el Chelsea también es un hogar para los inquilinos que pagan mensualmente su alquiler, con precios que oscilan entre los 600 y los 7.000 dólares.

Una reforma que puede acabar con el mito

El temor de los vecinos a que la remodelación del hotel acabe con el espíritu bohemio que ha caracterizado al Chelsea desde que abrió en 1905 es cada vez mayor, pese a que el arquitecto encargado de la reforma, Gene Kaufman, aseguró antes de empezar que el encanto original del hotel quedaría preservado.

Pero, según explicó Liang, muchas habitaciones y paredes ya han sido demolidas y nunca podrán ser lo que eran antes, como es el caso de la legendaria habitación 100, donde en 1978 Nancy Spungen murió apuñalada por su novio Sid Vicious, el bajista del grupo punk Sex Pistols.

Los residentes somos el espíritu del Chelsea. Yo resistiré hasta el finalY hasta el mítico hotel está siendo escenario de un elegante mobing inmobiliario. En los últimos meses algunos residentes se han marchado animados por el hotel, que o les ha perdonado las antiguas deudas o les ha dado incentivos para que abandonaran sus apartamentos. "Quieren sacar el máximo provecho económico al hotel y por eso les interesa que haya más turistas y menos residentes", aclaró Liang.

Ahora en la puerta del Chelsea cuelga el cartel de "obras hasta noviembre". Pero Liang y otros residentes no se rinden: "Las obras no tienen por qué ser algo negativo. Nos tenemos que quedar. Los residentes somos el espíritu del Chelsea. Yo resistiré hasta el final".