De civil a soldado: el entierro de un voluntario ucraniano

en casa y se marchó al oeste de Ucrania para recibir un entrenamiento de dos o tres semanas. Resultó que tenía buena puntería y el ejército lo convirtió en francotirador, dijo Chesolin.

en casa y se marchó al oeste de Ucrania para recibir un entrenamiento de dos o tres semanas. Resultó que tenía buena puntería y el ejército lo convirtió en francotirador, dijo Chesolin.

Pronto pasó al frente, en el este de Ucrania, para combatir contra las fuerzas rusas. Su familia no sabía mucho acerca de donde estaba; él no hablaba de su ubicación.

Entonces llegó la temida llamada telefónica. Uno de sus compañeros, un amigo, llamó a Iuliia. Su esposo estaba muerto.

Losev había fallecido el 7 de mayo cerca de la ciudad oriental de Severodonetsk, según le contaron a la familia. Una mina en la carretera estalló al paso del vehículo militar que manejaba: hirió a los demás ocupantes del auto y mató a Losev, explicó Chesolin. Por lo que saben, murió allí mismo.

Los combates en la zona eran intensos y recuperar su cuerpo era complicado. El ejército tardó dos días en sacarlo del lugar y llevarlo a casa.

El 16 de mayo, Iuliia, con las uñas pintadas alternativamente de azul y amarillo, los colores de la bandera ucraniana, esperaba fuera de su casa mientras la camioneta fúnebre llegaba con el féretro. Los dolientes se alinearon a su paso, arrodillándose en señal de respeto.

Se aferró a las manos de sus hijos mientras el cortejo se dirigía al pequeño cementerio a las afueras de la aldea, con las banderas nacionales ondeando al viento.

La tumba estaba abierta y esperando, con la banda de música a un lado. Dejando atrás a los asistentes, la esposa se adelantó con el ataúd y pidió a quienes lo portaban que lo dejasen sobre la hierba.

Se arrodilló, llorando en respiraciones agónicas. Acarició por última vez su pecho y se inclinó sobre él. Durante un último instante, pudo estar a solas con su esposo, el hombre que había pasado rápidamente de civil a soldado, y que ya no estaba.