Rusos lanzan asalto contra planta siderúrgica en Mariúpol

civiles evacuados del complejo destruido salieron durante un breve cese del fuego en una operación supervisada por la ONU y la Cruz Roja.

civiles evacuados del complejo destruido salieron durante un breve cese del fuego en una operación supervisada por la ONU y la Cruz Roja.

En un centro de recepción en Zaporiyia se alinearon camillas y sillas de ruedas, mientras que zapatos para niños y juguetes esperaban la llegada de la caravana. También había equipos médicos y de ayuda psicológica.

Algunos evacuados de edad avanzada lucían exhaustos a su llegada. Algunos más jóvenes, sobre todo las madres que tranquilizaban a sus bebés y a otros niños, se veían aliviados.

Estoy muy feliz de estar en suelo ucraniano, comentó una mujer que sólo proporcionó su nombre, Anna, y llegó al centro con dos niños, de 1 y 9 años. Sinceramente pensamos que no saldríamos de allí.

Un pequeño grupo de mujeres llevaba letreros con mensajes escritos en inglés en los que pedían que también se evacuara a los combatientes de la planta siderúrgica.

La llegada de los evacuados fue una inusual buena noticia en este conflicto de casi 10 semanas en el que han muerto miles de personas, ha obligado a millones a huir del país, ha arrasado pueblos y ciudades, y ha cambiado el equilibrio de poder posterior a Guerra Fría en el este de Europa.

En los últimos días, viajando con los evacuados, he escuchado a madres, niños y abuelos hablar del trauma de vivir día tras día bajo un incesante ataque y del miedo a la muerte, y con una extrema falta de agua, alimentos y saneamiento, dijo Lubrani. Hablaban del infierno que han vivido.

Además de las 101 personas evacuadas de la planta siderúrgica, 58 se unieron a la caravana en un pueblo de las afueras de Mariúpol, dijo Lubrani. Unas 30 personas que salieron de la planta decidieron quedarse en Mariúpol para tratar de averiguar si sus seres queridos estaban vivos, comentó Lubrani, y añadió que un total de 127 evacuados llegaron a Zaporiyia.

El ejército ruso dijo anteriormente que algunos de los evacuados optaron por quedarse en las zonas bajo poder de los separatistas prorrusos.

Alrededor de una decena de evacuados estaban enfermos o heridos, ninguno de ellos en estado crítico, según Pascal Hundt, director de la oficina del Comité Internacional de la Cruz Roja en Ucrania.

Tsybulchenko rechazó las acusaciones rusas de que los combatientes ucranianos no permitían a los civiles salir de la planta. Señaló que los soldados ucranianos les dijeron a los civiles que eran libres de irse, pero que arriesgarían sus vidas si lo hacían.

Comprendimos claramente que bajo estas armas asesinas no sobreviviríamos, no lograríamos ir a ninguna parte, dijo.

Mariúpol ha llegado a simbolizar el dolor humano infligido por la guerra. El asedio de dos meses de Rusia al estratégico puerto del sur de Ucrania ha dejado a civiles atrapados con poca o nada de comida, agua, medicinas o calefacción, mientras las fuerzas de Moscú convertían la ciudad en escombros. La planta, en particular, ha paralizado al mundo exterior.

Después de fracasar en su intento de tomar Kiev, la capital, en las primeras semanas de la guerra, Rusia retiró algunas de sus fuerzas y se centró en la región industrial del Donbás. Mariúpol se encuentra en esa zona y su caída privaría a Ucrania de un puerto importante, liberaría tropas rusas para combatir en otros lugares y permitiría a Rusia establecer una conexión terrestre con la península de Crimea, la cual se anexaron en 2014.

Pero hasta ahora, los soldados rusos y sus fuerzas separatistas aliadas parecen haber conseguido apenas pequeños avances en su ofensiva en el oriente de Ucrania.

La resistencia ucraniana se ha visto considerablemente reforzada por las armas occidentales, y el primer ministro británico, Boris Johnson, anunció una ayuda militar de 300 millones de libras (375 millones de dólares), que incluye radares, aviones no tripulados y vehículos blindados.

En un discurso pronunciado a distancia ante el parlamento ucraniano, declaró que la batalla era "la hora más gloriosa de Ucrania, repitiendo las palabras de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial.

Sus hijos y nietos dirán que los ucranianos enseñaron al mundo que la fuerza bruta de un agresor no cuenta para nada contra la fuerza moral de un pueblo decidido a ser libre, aseveró Johnson.

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Los periodistas de The Associated Press Inna Varenytsia y David Keyton en Kiev, Jon Gambrell y Yuras Karmanau en Leópoilis, Mstyslav Chernov en Járkiv, y periodistas de la AP en distintas partes del mundo contribuyeron a este despacho.