Primero se tuvo que escapar de Israel, ahora de Irak y el EI

A los nueve años, Ibrahim Mahmoud escapó de Haifa en la parte trasera de un camión, durante la guerra de 1948 que dio nacimiento al estado de Israel. Hoy, ya un anciano encorvado, se vio obligado a...

A los nueve años, Ibrahim Mahmoud escapó de Haifa en la parte trasera de un camión, durante la guerra de 1948 que dio nacimiento al estado de Israel. Hoy, ya un anciano encorvado, se vio obligado a huir nuevamente, tras la toma de la ciudad iraquí de Mosul por parte de la organización Estado Islámico.

Su vida como exiliado fue marcada por dos guerras que corrieron las fronteras y desplazaron comunidades que llevaban siglos en sus tierras. Su trauma es compartido por millones de personas en el Medio Oriente que se han visto forzadas a irse con sus familias lejos de sus hogares, pasando a ser parte de la ola de refugiados más grande desde la Segunda Guerra Mundial.

Su odisea comenzó en 1948, cuando fue uno de los 700.000 palestinos que se cree huyeron o fueron expulsados durante la Guerra de la Independencia de Israel. En los años siguientes cientos de miles de judíos de antiguas comunidades del Medio Oriente emigraron a Israel, a menudo tras sufrir persecuciones.

"En 1948 nos tuvimos que ir de Palestina en el compartimiento de carga de un camión", expresó Mahmoud. Su familia se fue a Basra, ciudad del sur de Irak, sobre el Golfo Pérsico.

"En Basra mi padre empezó a vender falafel. Era algo nuevo allí y le iba bien", agregó. Pero a su familia le costó adaptarse al calor de la zona, acostumbrada al clima templado de Levante.

"La vida en Basra era difícil. Era un lugar polvoriento y donde vivíamos no había agua potable", recordó. Al no encontrar otro sitio mejor donde vivir, la familia de Ibrahim se refugió en una sinagoga abandonada junto con otras familias palestinas y todos vivieron allí 30 años, según relató.

Unos 70.000 palestinos vivieron en Irak hasta la invasión de fuerzas encabezadas por Estados Unidos en el 2003, de acuerdo con cifras de las Naciones Unidas. El gobierno de Saddam Hussein se solidarizó con los palestinos, les permitió trabajar e incluso ser funcionarios públicos, pero nunca se les concedió la ciudadanía.

Después de la invasión muchos iraquíes vieron a los palestinos como cómplices del antiguo régimen y numerosos refugiados se fueron para escaparle a la discriminación y la creciente agitación. No hay cifras oficiales, pero la agencia de refugiados de la ONU calcula que quedan apenas 3.000 palestinos en Irak en la actualidad.

A mediados de la década de 1970, Mahmoud, su esposa y sus cinco hijos se mudaron a Mosul, luego de que un anciano que peleó en la guerra del 48 le aseguró que allí, en el norte, se sentiría más a gusto.

"Me dijo que era un sitio igual a Palestina. Con césped por todos lados y ríos. Además, tenían naranjeros", relató.

La ciudad era como la había descripto el hombre, pero a Mahmoud le costó sobrevivir allí, en parte por las sanciones internacionales impuestas a Irak en los años 90. Sus hijos tuvieron que trabajar en lugar de ir a la escuela. "Teníamos que asegurarnos de que había pan en la mesa", contó.

Permanecieron en Mosul durante el caos en que cayó Irak tras el 2003, en que hubo intensos combates entre tropas estadounidenses e insurgentes, y frecuentes atentados.

A medida que disminuían los combates y tras el retiro de los soldados estadounidenses de Irak en el 2011, Mahmoud tal vez pensó que finalmente se había librado de las guerras, que si bien nunca volvería a su Haifa natal, podría pasar sus últimos años en paz.

Pero una calurosa noche de verano del 2014, la ciudad fue estremecida por el ruido de explosiones y de armas de fuego: columnas del Estado Islámico habían irrumpido en Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak. En cuestión de semanas la organización se apropió de grandes extensiones del norte y el oeste de Irak, que se sumaron al territorio que habían tomado ya en Siria, creando un califato que gobiernan a partir de una espeluznante interpretación de las leyes islámicas.

Mahmoud y su familia, que a esa altura incluía 11 niños, permaneció allí hasta agosto de ese año, en que una vez más empacaron sus cosas y se fueron del sitio que consideraban su casa.

"Vi gente decapitada en las calles. ¿Qué clase de vida es esa?", preguntó Mahmoud.

Ahora Mahmoud y su familia viven en el campamento de refugiados de Baharka, en la región curda del norte de Irak, donde unas 4.000 personas ocupan carpas levantadas a lo largo de terrenos embarrados. Las carpas se llenan de agua cuando llueve en el invierno y Mahmoud, quien se acerca a los 80 años, dice que le cuesta caminar en el barro.

Su hijo Thamer, de 35 años y quien hace de peluquero en el campamento, nació y vivió toda su vida en Irak, pero dice que siempre se sintió un extranjero.

"No me sentía en mi patria porque mi tarjeta de identificación decía que era un refugiado", explicó.

Ibrahim recibe una pensión del gobierno por haber trabajado con los ferrocarriles nacionales toda su vida, pero no ha podido cobrarla desde hace cinco meses porque su tarjeta de refugiado ha expirado. Pare renovarla debería ir a Bagdad, pero las autoridades curdas no le permiten viajar sin documentos al día.

"Una persona necesita participar en la sociedad, tener una identidad, para conservar su honor", manifestó Ibrahim.

Es así que casi siete décadas después de subirse a un camión para iniciar una nueva vida como exiliado, Mahmoud quiere juntar sus cosas e irse de nuevo, con la esperanza de encontrar un buen sitio para sus hijos.

"¿Mi tierra? Cualquier lugar será mejor que esto. Quiero irme de este país para poder darle a mis hijos una educación o una profesión que les permitan vivir", afirmó. "Mañana no estaré aquí. Soy un anciano".

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El reportero de la Associated Press Salar Salim colaboró en este despacho desde el campamento de refugiados de Baharka, en Irak.

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Bram Janssen está en Twitter como Twitter at www.twitter.com/bramjanssen