España y Portugal tratan de convencer a remisos a vacunarse

insistían en no hacerlo. La consulta, que CIS realizó el mes pasado, antes de que algunas regiones de España exigiesen los certificados de vacunación contra el COVID-19, reveló que hay resistenci...

insistían en no hacerlo. La consulta, que CIS realizó el mes pasado, antes de que algunas regiones de España exigiesen los certificados de vacunación contra el COVID-19, reveló que hay resistencia en sectores de todas las ideologías políticas.

Para convencer a los remisos, el Ministerio de Salud empezó a publicar información que indica cómo el virus afecta a los distintos grupos. Las personas vacunadas de 60 a 80 años, señaló, tienen ocho veces menos posibilidades de contagiarse, 18 veces menos probabilidades de ser hospitalizadas y 25 veces menos posibilidades de fallecer por el COVID-19.

Los certificados de vacunación obligatorios son cada vez más populares entre las autoridades regionales, pero no dejan de resultar polémicos.

En un informe interno filtrado el miércoles, un panel de expertos que asesora a las autoridades sanitarias advirtió contra la seguridad falsa que representarían los certificados de salud en un país en el que casi el 90% de todas las personas habilitadas para vacunarse lo han hecho. Los expertos insistieron en que el uso de tapabocas, que es obligatorio en espacios cerrados y común en las calles de España, y otras medidas de distanciamiento social son más efectivas todavía.

Las autoridades de Cataluña, en el noreste, reabrieron centros de vacunación en gran escala que no requieren citas previas tras anunciar que serán necesarios los certificados de salud para poder disfrutar desde una comida en un restaurante hasta un concierto.

La secretaria de salud pública catalana Carmen Cabezas dijo que están aumentando la primera y la segunda dosis de la vacuna, y que en la última semana hubo un incremento del 81% en la primera dosis.

En algunos casos, hubo que llamar a la policía para dispersar las multitudes que se congregaban frente a los centros de vacunación después de que habían cerrado.

También hubo colas largas en Lisboa, donde el viernes abrió el centro de vacunación más grande que ha habido hasta ahora en la nación. Portugal, el país con el índice de vacunación más alto de Europa, trata de convencer al 2% de la población que todavía no se ha inoculado de que reciba su primera dosis, al tiempo que procura acelerar la tercera vacuna.

A pesar del excelente índice de vacunación, han aumentado los contagios en los dos últimos meses. Los niveles de hospitalización, no obstante, distan mucho de alcanzar los picos alarmantes de brotes previos. Portugal reportó el miércoles 4.607 contagios nuevos, lo que representa un marcado aumento respecto a días previos. Un brote de la variante ómicron en un club de fútbol profesional en Lisboa y el contagio de un trabajador del sector de la salud que había tenido contacto con el equipo aumentan la preocupación.

A partir del miércoles las autoridades portuguesas aumentaron los requisitos para los viajeros que vienen del exterior y exigieron el uso de cubrebocas en los interiores tras declararse un estado de calamidad. Ese estado, declarado por segunda vez este año, está un peldaño debajo del estado de emergencia y da al gobierno la autoridad para imponer medidas más estrictas sin la aprobación del parlamento.

Actualmente se exige el uso de barbijos en espacios públicos cerrados y las personas deben mostrar certificados de vacunación, de que se recuperaron del COVID-19 o pruebas negativas del virus para ingresar a restaurantes, cines, gimnasios y hoteles. También se requieren pruebas negativas, incluso a las personas vacunadas, en hospitales, nightclubs, geriátricos e instalaciones deportivas.

Con las pruebas nos sentimos más cómodas. No nos vamos del club pensando ¿tendré COVID o no?, expresó Sara Lopes, empleada de una tienda de 21 años, en un nightclub de Lisboa.

Es incómodo tener que hacer una cita en la farmacia, pero me parece bien, agregó.

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Alves informó desde Lisboa y Wilson desde Barcelona. Alicia León colaboró desde Madrid.