Desaparición y reaparición de explosivos militares de EEUU

es una fracción de un uno por ciento. La Fuerza Aérea lo hace muy bien con respecto a la responsabilidad de los explosivos, escribió Fiocco en respuesta a preguntas.

es una fracción de un uno por ciento. La Fuerza Aérea lo hace muy bien con respecto a la responsabilidad de los explosivos, escribió Fiocco en respuesta a preguntas.

La Marina no dio a conocer datos, sino una declaración de que, desde 2010, solo 20 granadas de mano han sido robadas y fueron recuperadas todas excepto dos. Estamos comprometidos con la transparencia y siguiendo los procedimientos adecuados, y nos tomamos en serio la responsabilidad de los explosivos, escribió el teniente Lewis Aldridge en respuesta a preguntas.

Las lagunas en los registros e informes significan que las cifras oficiales de pérdidas y robos recopiladas por la Oficina del Secretario de Defensa son ciertamente inexactas.

No todos los explosivos perdidos deben ser reportados hasta lo más alto de la burocracia militar. Por ejemplo, las pérdidas y los robos de menos de 10 libras (4.5 kg) de C4 están exentos, aunque cada rama puede tener regulaciones más estrictas.

En manos capacitadas, esa cantidad de C4 sería mortal si fuera detonada cerca de personas, y podría destruir vehículos o dañar puentes o edificios, dijeron expertos en explosivos militares y civiles.

El Departamento de Defensa mantiene registros de pérdidas durante sólo tres años. Basado en el sistema de rendición de cuentas de los militares, John Kirby, el portavoz principal del Pentágono, dijo a la AP en junio que las cifras son extremadamente pequeñas para la pérdida de explosivos.

La AP también desenterró docenas de investigaciones sobre explosivos realizadas por el Servicio de Investigación Criminal Naval (NCIS, por sus siglas en inglés), el Comando de Investigación Criminal del Ejército (CID) y el Servicio de Investigación Criminal de la Defensa (DCIS). En la mayoría de estos 63 casos, los militares no se dieron cuenta que los explosivos habían desaparecido hasta que alguien los recuperó donde no deberían estar.

Eso es lo que ocurrió en 2018, cuando el padre de un exmarine informó a los investigadores sobre la casa de su hijo en Colorado. Las autoridades descubrieron cuatro bloques de C4 metidos en sus botas, y en el bolsillo de su sudadera con capucha, cordón para detonarlos. También encontraron ocho granadas explosivas de 40 mm, según muestran los registros judiciales.

Los artículos provinieron de la base de submarinos navales Kings Bay, en Georgia. El exmarine había formado parte de una fuerza de seguridad que custodiaba la flota de propulsión nuclear allí.

En Kings Bay, mientras un marine alteró el papeleo para que pareciera que los explosivos se habían usado, otros los sacaron de la base después de enterrarlos cerca de una casa de tiro en la base, según muestran los registros.

Ese caso generó una investigación paralela sobre más robos de explosivos en Kings Bay. Según el expediente de la investigación, 50 libras (22.7 kg) de explosivo plástico fueron robadas. En total, cinco exmarines se declararon culpables.

Los exmilitares que toman explosivos no siempre enfrentan un castigo.

En 2016, un hombre de Pensilvania que se había retirado de la Infantería de Marina como teniente coronel dos décadas atrás fue descubierto con 10 libras (4.5 kg) de C4, así como cordón detonante y casquillos explosivos en su casa. Un fiscal de los Estados Unidos se negó a enjuiciar debido a un tema de prescripción y la aparente falta de intención criminal.

En Florida, un exsoldado de las Fuerzas Especiales del Ejército fue absuelto por un jurado civil por llevarse cajas de TNT, granadas y dinamita. Testificó que su oficial supervisor le permitió tomar los explosivos de Fort Bragg, Carolina del Norte.

El Ejército no sabía que los explosivos habían desaparecido hacía años. En el juicio, un experto del Ejército sugirió que un documento falsificado decía que los habían detonado.

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La historia de la recuperación de los explosivos robados de Camp Lejeune comienza con adolescentes que entraron a robar a una casa de alquiler vacía.

En una repisa del armario de un dormitorio encontraron una mochila negra, y dentro había una lata de municiones que contenía una gran cantidad de ellas. Un metro y medio de Detasheet, un explosivo delgado y maleable que viene en rollos como papel de envoltura. Cable fusible. Casquillos explosivos. Partes de una mina terrestre.

Un sargento de la Infantería de Marina llamado Alex Krasovec había dejado la mochila en la casa, según el expediente de la investigación. Como instructor que dirigía un campo de demolición en Camp Lejeune a principios de 2017, tomó la lata al final de un ejercicio de entrenamiento. Los elementos en la mochila debieron haber sido detonados.

A veces, las tropas recolectan las sobras de un entrenamiento y las hacen estallar en lugar de devolverlas y completar formularios adicionales. Se le conoce como tiro basura, tiro de seguridad o tiro de limpieza. En lugar de devolver los explosivos o hacer estallar la lata, Krasovec los tomó.

Krasovec, quien rechazó una solicitud de entrevista de la AP, diría a los agentes del Servicio de Investigación Criminal Naval que su idea era ir a la casa de su familia en Ohio para divertirse un poco, tal vez volar algunos tocones de árboles. Antes de que pudiera hacerlo, los adolescentes que se habían salido de una fiesta de pijamas en Jacksonville, Carolina del Norte, encontraron el alijo. Lo tomaron y lo guardaron hasta que a uno de ellos lo escucharon hablar de tener explosivos militares en su casa.

Un laboratorio forense identificó las huellas dactilares de Krasovec en los explosivos. Al interrogarlo aproximadamente un año después, los agentes del NCIS se toparon con un segundo nombre, el sargento Travis Glosser.

Como instructor de demolición en Camp Lejeune, Glosser tuvo un acceso excepcional al C4.

Durante el verano de 2016, Glosser temió que Hillary Clinton derrotara a Donald Trump en la elección presidencial y que la sociedad se desintegrara. Entonces comenzó a acumular sobras hasta que tuvo lo que describió como una cantidad respetable de C4: 10 bloques con un peso de casi 13 libras (5.9 kg).

Quiero decir, sabe lo loco que es el mundo hoy en día, dijo Glosser a un agente del NCIS en junio de 2018, cuando se rindió. Así que es como, bueno, ya sabe, tengo eso también porque si el mundo comienza a llegar a su fin o algo tan loco como eso, podría proteger a mi familia y a mí.

Después de que Trump ganó, enterró cuidadosamente los explosivos más allá de la línea de árboles en el patio trasero de su casa frente a Camp Lejeune. Permanecieron allí hasta que comenzó a circular el rumor de que Krasovec estaba en problemas y que habría una revisión de inventario.

Glosser primero dijo a los investigadores del caso Krasovec que no sabía de ningún C4 robado.

A la mañana siguiente, temprano, usó una pala militar para enterrar los explosivos en bosques cercanos. Luego fue al gimnasio y se reportó a trabajar.

Más tarde ese día, consumido por el error que sabía que cometió, Glosser confesó y después mostró a los manipuladores de bombas dónde había enterrado las municiones.

Tanto Krasovec como Glosser se declararon culpables de robo de propiedad militar. Cada uno fue sentenciado a menos de dos años de reclusión en una prisión militar, y ambos bajaron de rango. Krasovec fue expulsado del servicio con baja por mala conducta; Glosser está apelando su caso.

La esposa de Glosser dijo a la AP que él no haría comentarios. Al ser interrogado por las autoridades, insistió en que nunca planeó causar estragos y dijo que no tenía vínculos con una milicia.

En ningún momento tuve la intención o siquiera pensé en vender, regalar o incluso mostrar a alguien los explosivos, escribió. Tampoco he tenido nunca la intención de dañar a nadie.

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Hall reporto desde Nashville, Tennessee; contáctela en https://twitter.com/kmhall.

Pritchard informó desde Los íngeles; contáctelo en https://twitter.com/JPritchardAP.

LaPorta informó desde Boca Ratón, Florida; contáctelo en https://twitter.com/JimLaPorta.

Contribuyeron con esta historia Justin Myers, en Chicago; Stacey Plaisance, en Ellisville, Mississippi; Jennifer Farrar, en Nueva York, y Robert Bumsted en Fort Polk, Luisiana.

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Envíe un correo electrónico al Equipo de Investigaciones Globales de la AP a investigative@ap.org o en https://www.ap.org/tips/

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