La difícil relación de las pandillas y las empresas en Haití

es lo que daña la economía.

es lo que daña la economía.

El uso político de las pandillas en Haití se remonta a los años 60, cuando Franí§ois Duvalier creó los Tonton Macute, una fuerza civil que sembró el terror entre la población durante décadas. Cuando el depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide regresó al gobierno a principios de este siglo también creó su propia banda armada, los chimí¨res, con su base en Cité Soleil.

Moí¯se y su predecesor, Michel Martelly, utilizaron pandillas vendidas al mejor postor para controlar la franja costera en la que se concentra un gran número de votos e históricamente han sucedido las movilizaciones políticas.

Cuando Moí¯se fue asesinado, las pandillas decidieron que ya no era necesario servir de intermediarias a los políticos. ¿Por qué iban a aceptar ser utilizadas si podían gestionar el negocio ellas mismas? se pregunta Handal.

La retórica revolucionaria de Barbecue es vacía, dice. Si alguien le ofrece un 5% más de lo que gana ahora, cambiará de bando inmediatamente.

Para Handal, la cuestión es sencilla: ¿hasta dónde deben caer los empresarios para sobrevivir en un país controlado por pandillas? ¿Quieres convertirte en uno de ellos? ¿Estás dispuesto a mancharte las manos de sangre?

Dresse cree que la solución pasa por reforzar valores de ciudadanía.

Necesitamos que gente como nosotros se involucre en la política con un enfoque a largo plazo, dice. Necesitamos crear un nuevo partido político.

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Youri Mevs no paga la extorsión de 500.000 dólares.

Ordena a uno de sus gerentes que compre suministros para rivales de Barbecue.

Consígueles cereales, leche, pasta, tomate y jabón.

¿Cuánto?

5.000 (dólares)

Y lo describe como buscar formas de compensar la no agresión. No cree en las donaciones en metálico porque las utilizarán para comprar munición, así que dona bienes que no pueden ser utilizados para cazarme a mí o a gente como yo.

Al mismo tiempo, se ha jugado su futuro en una apuesta política, pero una con reminiscencias de un pasado que no ha dejado buen recuerdo.

Cuando el gobierno de Moí¯se comenzó a desmoronarse, decidió que no podía seguir hablando de ellos y ellas cuando se refería a su propio país: Porque pertenezco a la casta, sé lo que la casta ha hecho a este país y lo que el país está haciendo a mi casta.

En 2016 conoció a Youri Latortue, un político veterano que ejercía la presidencia del Senado. Latortue le pidió ayuda para un informe sobre una trama de corrupción durante el gobierno de Martelly.

En 2018 se convirtió en secretaria general del partido de Latortue, AAA, que lidera la oposición contra Martelly y Moí¯se desde las elecciones de 2016. Ahora Latortue espera la nominación (presidencial) del partido y Mevs dirige su campaña.

A Latortue lo han acusado de todo en el pasado. Desde corrupción hasta relaciones con pandillas. Él lo niega todo, y nunca ha sido acusado formalmente. Dice que quiere romper con la tradición haitiana de hombres fuertes y milicias; eso sólo puede ocurrir, dice, con un Estado fuerte, una fuerza pública fuerte y unas instituciones que garanticen el funcionamiento del Estado.

Latortue y Mevs han propuesto una unidad policial especial entrenada por expertos internacionales para luchar contra las pandillas. Y quieren poner a Barbecue detrás de las rejas.

Pero mientras tanto, Mevs tiene que lidiar con él.

En la sede del AAA varios hombres cargan en un camión la comida que Mevs ha pedido esa misma mañana. Así es como racionaliza el pago: Es una donación del partido político a un barrio... Es populismo, pero la gente tiene hambre. No hay nada malo en darles comida.

Aun así, Latortue no puede ser vinculado públicamente con el envío. Algunas personas podrían acusarme de darles armas porque el lugar está en guerra, explica.

Quienes lo van a repartir están pegados a sus teléfonos, discutiendo la ruta. Hay noticias de tiroteos. Va a ser un camino largo, de discusiones y gritos y desvíos hasta llegar a la puerta trasera de un frente atrincherado.

El camión se detiene tres veces en tres calles paralelas. Cada esquina está vigilada por una docena de jóvenes. Descargan el camión en una casa, una escuela, una oficina del partido.

Detrás de ellos, en calles vacías, suenan disparos y grupos de jóvenes armados montan guardia tras barricadas. Se autodenominan grupo de autodefensa.

Son, simplemente, una de las pandillas de Puerto Príncipe.