McCullin, el reportero que "elegía una guerra como un borracho elige una marca de cerveza"

  • La Galería Nacional de Canadá expone una retrospectiva de uno de los fotoperiodistas bélicos más comprometidos y constantes.
  • Durante más de medio siglo acudió a todos los escenarios de la muerte, pero también hizo fotos de desposeidos y hambrientos en países en aparente paz.
  • Cansado de tanto sufrimiento se retiró en los ochenta, pero a finales de 2012, a los 77 años, volvió a empuñar la Nikon para retratar la situación en Siria.
Jóvenes católicos escapan de un ataque con gas del Ejército inglés en Irlanda del Norte en 1971
Jóvenes católicos escapan de un ataque con gas del Ejército inglés en Irlanda del Norte en 1971
© Don McCullin / Contact Press Images

Hay bastante de paradoja en la exhibición de las fotos descarnadas de Don McCullin (Londres, 1935) en un museo dedicado al arte. El fotoperiodista británico, cronista durante más de medio siglo de todas las matanzas, guerras y conflictos armados que regaron el mundo de sangre, no quiere que le apliquen la etiqueta de artista. Prefiere ser llamado reportero.

Don McCullin: A Retrospective (Don McCullin: una retrospectiva), que se clausura el 14 de abril en la National Gallery of Canada de Ottawa, lleva a los salones de las bellas artes 134 imágenes que comprimen una carrera comprometida y constante como pocas en el fotoperiodismo contemporáneo. No es exagerado, como dicen los organizadores, considerar que las fotos de este cronista de la bestialidad humana pueden equiparse en mensaje y contenido a los Desastres de la guerra de Goya o los grabados de Otto Dix sobre la I Guerra Mundial.

Movido por la adrenalina

Consciente de su condición y de sus debilidades —ha confesado que en un momento de su carrera actuaba movido por la adrenalina, por una necesidad tóxica y masturbatoria de pasar irreflexivamente de un conflicto al siguiente ("elegía una guerra como un borracho elige una marca de cerveza")—, McCullin juró no volver a ningún frente de batalla y dolor tras la guerra del Líbano de 1982, donde hizo algunas de sus más dramáticas fotografías.

La misma sensación de culpa en los ojos de los retratados que en los míos El fotógrafo, que apreciaba "la misma sensación de culpa en los ojos de las personas que retrataba que en los míos", tenía miedo de estar convirtiéndose en una prolongación mecánica de su siempre fiel Nikon F, el módelo del que nunca abjuró y que le salvó la vida en Camboya en 1970, cuando el cuerpo de la cámara recibió la balaque un francotirador había disparado a la cabeza del reportero justo cuando éste se llevaba la máquina a la cara.

Pese al asco y al temor de estar cayendo por una cuesta abajo de alienación, McCullin no pudo reprimirse a finales de 2012 y aceptó el encargo de Time de retratar la guerra civil de Siria. Uno de sus hijos, alistado en el Ejército inglés, estaba destinado en Afganistán y se vió en la necesidad de compartir frentes de batalla desde posiciones diferentes. El reportaje que firmó, a los 77 años, no tenía el empuje ni el dramatismo de sus trabajos anteriores, pero algunas de las personas a las que retrató no podían creer que estaban ante el objetivo de un hombre que había estado en todas las guerras.

Paisajes artúricos

La exposición de Ottawa reúne fotos de la construcción del Muro de Berlín y las guerras y conflictos de Chipre, el Congo, Biafra, Vietnam, Camboya, Líbano e Irlanda del Norte, así como retratos de pobres y homeless en Londres tras la II Guerra Mundial y una colección de los muy poco conocidos paisajes de Inglaterra, donde las imágenes parecen buscar la belleza artúrica de la mitología.

La intimidad hace que los retratos sean encuentros  El museo destaca la "profundidad narrativa" de McCullin, el uso maestro de "la luz, la sombra y la poderosa composición" y la "intensidad y el grado de intimidad" que logra con sus retratos, a los que califica de "verdaderos encuentros entre dos seres humanos".  Una de las comisarias de la muestra, Katherine Stauble, escribe en el catálogo: "Estas imágenes no parecen concebidas para colgar de la pared de un museo, sino para comunicar, revelar la verdad y movilizar hacia la acción".

McCullin, hijo de una familia extremadamente pobre, tuvo que dejar los estudios cuando era un adolescente porque la muerte prematura de su padre le obligó a ponerse a trabajar. Empezó a hacer fotos casi por casualidad y ha tenido que superar una profunda dislexia que le fue diagnosticada muy tardíamente,