El Gran Muro de Luz: el poder marítimo chino en Sudamérica

capturó al pez. De esa forma, la industria pesquera puede ponerse al día con otros fabricantes, desde los productores de carne hasta el comercio de prendas de vestir, donde esas prácticas son más ...

capturó al pez. De esa forma, la industria pesquera puede ponerse al día con otros fabricantes, desde los productores de carne hasta el comercio de prendas de vestir, donde esas prácticas son más comunes.

La palabra clave es el rastreo, dijo la embajadora Jean Manes, la civil de más alto rango del Comando Sur de Estados Unidos en Miami. Cuando los consumidores insisten en el rastreo, el mercado responde.

Sin embargo, impulsar la transparencia es un desafío con el que la industria ha luchado durante décadas.

Nadie sabe con certeza cuánto pesca China en altamar. Mientras tanto, los críticos dicen que las organizaciones regionales de gerencia pesquera que operan sobre la base del consenso son incapaces de impedir que China registre barcos con vínculos a la pesca ilegal y el abuso.

Esta es una muestra: el Hua Li 8 recibió luz verde para pescar en 2018 ”dos años después de que fue objeto de una persecución internacional cuando huyó de los disparos de advertencia de un buque de la armada argentina que lo atrapó mientras pescaba ilegalmente”. Cuatro de los miembros de la tripulación del Hua Li 8 fueron tratados como esclavos, dijeron funcionarios indonesios en el momento del arresto del barco en sus aguas de conformidad con un Aviso Púrpura de la Interpol.

El barco nuevamente estuvo involucrado en una actividad pesquera sospechosa en 2019, esta vez en el hemisferio occidental, cuando se "oscureció" durante 80 horas mientras pescaba en el borde de la zona económica exclusiva de Perú. Al mismo tiempo que el barco estaba fuera de línea, se detectaron movimientos dentro de las aguas de Perú, según muestran los datos satelitales nocturnos analizados por Global Fishing Watch.

Craig Loveridge, secretario ejecutivo de la SPRFMO, rechazó reiteradas solicitudes de entrevistas. Pero en un correo electrónico, señaló que depende de cada miembro tener en cuenta el historial de los operadores pesqueros cuando deciden autorizar o no a un barco a enarbolar su bandera.

Para abordar las preocupaciones, varios gobiernos de Sudamérica propusieron en la reunión de la SPRFMO de este año una serie de medidas de conservación que ya están en vigor en otros lugares.

Las ideas incluyeron prohibir los transbordos de mercancía en el mar, permitir que los países aborden los barcos de otros estados miembros y crear una zona de amortiguación para que los estados costeros sean alertados automáticamente cada vez que un barco extranjero se acerque a 12 millas náuticas de sus aguas territoriales.

Pero cada propuesta fue rechazada por China.

China no parece realmente interesada en expandir la protección, dijo Mallory. Siguen la letra de la ley, pero no el espíritu.

Más aún, una vez que la captura se desembarca en China ”o en un almacén en cualquier lugar”, es imposible distinguir entre la pesca capturada legal e ilegalmente.

Este es el hoyo negro y tener claridad ahí es verdaderamente complejo, dijo Miranda. Hay muchas cosas que se pueden hacer, pero usted necesita confiar en datos creíbles, que en este momento no existen.

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Solo en el mar

En ausencia de un monitoreo más robusto, el Ocean Warrior es lo más parecido a un sheriff de altamar que hace responsables a los malos actores. Pero está rodeado por decenas de barcos chinos acostumbrados a operar con poco miedo a las represalias.

Mientras el sol se prepara para ponerse y la flota calamarera china se despierta a tiempo para otra noche de pesca, la tripulación del Ocean Warrior se prepara en un bote para inspeccionar de cerca el Chang Tai 802. El barco es uno de los 39 navíos sospechosos de que allí se realizan trabajos forzados según un informe de mayo de 2021 de Greenpeace, con base en quejas de los trabajadores a las autoridades indonesias.

Seis hombres sin camisa, todos ellos indonesios, se reúnen en la popa del Chang Tai, gesticulan amigablemente y parecen reconfortados al ver a otro ser humano tan lejos de tierra.

Pero su estado de ánimo cambia rápidamente cuando un hombre, a quien la AP no identifica por su nombre debido a la preocupación por su seguridad, grita por encima del motor que su jefe no es agradable y pregunta, sólo con la más mínima comprensión, si la pandemia por el nuevo coronavirus que ha devastado al mundo ha llegado a los Estados Unidos.

Estoy atrapado aquí, dice con una mirada taciturna antes de que aparezca un supervisor chino visiblemente irritado y ordene a los hombres que vuelvan a trabajar. Quiero ir a casa.

Un día después, cuando el Ocean Warrior regresa con un megáfono para facilitar el intercambio en aguas abiertas, el supervisor chino se mueve rápidamente para bloquear cualquier conversación con los extraños de habla inglesa. Pero cuando el Chang Tai se aleja, el hombre tira por la borda una botella de plástico con el número de teléfono de su hermano garabateado en una hoja de papel.

Localizado en su casa en Indonesia, el familiar confiesa saber muy poco sobre cómo fue reclutado su hermano o las condiciones de su empleo. Desde que dejó su hogar hace tres años, después de graduarse de una escuela vocacional con pocas perspectivas laborales, se ha comunicado con su familia sólo de manera esporádica.

Sin embargo, le preocupa el bienestar de su hermano hasta el punto de que recientemente presionó a la agencia que lo contrató para que lo traiga de regreso. El informe de Greenpeace cita una denuncia de otro marinero indonesio anónimo en el mismo barco, quien mientras padecía dolor de riñón debido a beber agua de mar mal tratada, fue forzado a firmar un documento o arriesgarse a ser abandonado en Perú sin documentos de viaje.

Espero que pueda volver pronto, dice el hermano del hombre, reacio a revelar demasiado por temor a que pueda comprometer la seguridad de alguien. Y espero que siempre esté sano.

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Contribuyeron con este reportaje Joe McDonald, periodista de la AP, y Yu Bing, investigador de la AP en Beijing; Roselyn Romero, pasante del equipo de investigación global de la AP en San Luis Obispo, California; y Edna Tarigan y Nini Karmini, periodistas de la AP en Yakarta.

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