11sep: más seguridad, menos privacidad en los viajes aéreos

y exponer potencialmente la información a los piratas informáticos.

y exponer potencialmente la información a los piratas informáticos.

Se están enfocando por completo en el factor de la conveniencia, dice McKinney, y no se están enfocando en los factores de la privacidad y la seguridad.

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¿TEATRO DE SEGURIDAD?

A pesar del trauma que llevó a su creación, y del intenso deseo de evitar otro 11 de septiembre, la propia TSA ha sido con frecuencia objeto de cuestionamientos sobre sus métodos, ideas y eficacia.

Los sobrecargos de vuelo y los agentes federales aéreos se enfurecieron cuando la agencia propuso en 2013 que se permitiera que los pasajeros pudieran llevar de nuevo navajas de bolsillo plegables y otros artículos prohibidos durante mucho tiempo en los aviones. La agencia abandonó la idea. Y después de otra protesta, la TSA eliminó los escáneres de cuerpo completo que producían imágenes de aspecto realista que algunos viajeros compararon con registros virtuales al desnudo. Fueron reemplazados por otras máquinas que causaron menos objeciones a la privacidad y la salud. Los registros a los viajeros son una queja constante.

En 2015, un informe publicado decía que el 95% de las veces los agentes de la TSA no detectaban armas o materiales explosivos transportados por inspectores encubiertos. Los miembros del Congreso que recibieron una sesión informativa clasificada plantearon sus preocupaciones a Pekoske, y un legislador dijo que la TSA está muy mal.

Los críticos, incluidos exoficiales de la TSA, han ridiculizado a la agencia como un teatro de seguridad que da una falsa impresión de proteger al público viajero. Pekoske descarta esa noción y señala la gran cantidad de armas de fuego incautadas en los puntos de control de los aeropuertos en lugar de que llegaran a los aviones, más de 3.200 el año pasado, el 83% de ellas cargadas.

Pekoske también marcó otras tareas de la TSA, incluidas el escrutinio de antecedentes de los pasajeros, la revisión de las maletas registradas con tecnología 3-D, la inspección de la carga y la colocación de agentes federales aéreos en los vuelos.

Hay muchas cosas allí que la gente no ve, dice Pekoske. Quédese tranquilo: este no es un teatro de seguridad. Es una seguridad verdadera.

Muchos expertos independientes concuerdan con la evaluación de Pekoske, aunque generalmente ven áreas en las que la TSA debe mejorar.

La TSA es un elemento de disuasión eficaz contra la mayoría de los ataques, dice Jeffrey Price, quien enseña seguridad en la aviación en la Universidad Estatal Metropolitana de Denver y ha sido coautor de libros sobre el tema. Si se trata de un teatro de seguridad, como dicen algunos críticos, es un teatro de seguridad bastante bueno porque desde el 11 de septiembre no hemos tenido un ataque exitoso contra la aviación.

Este verano, un promedio de casi dos millones de personas por día han pasado por los puntos de control de la TSA. Los fines de semana y días festivos pueden estar llenos de viajeros estresados. A mitad de la semana, incluso en los aeropuertos grandes como el Dallas/Forth Worth, hay menos multitudes; tararean en lugar de rugir. La mayoría de los viajeros acepta cualquier inconveniente como el precio de la seguridad en un mundo incierto.

Viajar se ha vuelto cada vez más y más difícil, y no creo que sea solo por mi edad, dijo Paula Gathings, quien fue maestra en Arkansas durante muchos años y esperaba un vuelo a Qatar y luego otro a Kenia, donde enseñará durante los próximos meses. Culpa a la pandemia por la dificultad de viajar, no al sistema de seguridad.

Están allí por mi seguridad. No están allí para molestarme, dijo Gathings sobre los inspectores de la TSA y la policía del aeropuerto. Cada vez que alguien me pide que haga algo, puedo ver la razón para ello. Tal vez sea la maestra de escuela que hay en mí.

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AMENAZAS DESDE EL INTERIOR

En 2015, un avión ruso se estrelló poco después de despegar de Sharm El Sheikh, en Egipto. Funcionarios estadounidenses y británicos sospecharon que fue derribado por una bomba.

No obstante, fue la excepción y no la regla. Incluso fuera de Estados Unidos, los ataques terroristas contra la aviación han sido raros desde el 11 de septiembre de 2001. ¿Se debe eso a una seguridad efectiva? Demostrar lo contrario o incluso atribuirlo directamente a un cierto tipo de prevención es siempre un ejercicio arriesgado.

Y, además, están los trabajos desde el interior.

¢ En 2016, una bomba abrió un agujero en un avión de Daallo Airlines poco después del despegue, matando al hombre con la bomba, pero otros 80 pasajeros y la tripulación sobrevivieron. Las autoridades somalíes publicaron un video desde el aeropuerto de Mogadiscio que, dijeron, mostraba que al hombre le entregaron una computadora portátil que contenía la bomba.

¢ En 2018, uno de los encargados del equipaje de Delta Air Lines en Atlanta fue condenado por usar su pase de seguridad para contrabandear más de 100 armas de fuego en vuelos a Nueva York.

¢ Al año siguiente, un mecánico de American Airlines con videos del Estado Islámico en su teléfono se declaró culpable de sabotear un avión lleno de pasajeros al paralizar un sistema que mide la velocidad y la altitud. Los pilotos abortaron el vuelo durante el despegue en Miami.

Esos incidentes destacan una amenaza de la que la TSA debe preocuparse: las personas que trabajan para las aerolíneas o los aeropuertos y que tienen autorización de seguridad que les permite evitar los controles regulares. Pekoske dice que la TSA está mejorando su supervisión de la amenaza interna.

Todas esas personas que tienen una identificación (de seguridad), tiene razón, muchas sí tienen acceso sin escoltas a todo el aeropuerto, pero también pasan por un proceso de investigación muy riguroso antes de que siquiera sean contratadas, dice Pekoske. Por lo general, esos trabajadores pasan por una revisión cada pocos años, pero dice que la TSA implementa un sistema que activará alertas inmediatas basadas en información policial.

Con todas las diferentes maneras en que podría suceder un caos mortal en los aviones después del 11 de septiembre, el hecho es el mismo: la mayoría de las veces no ha sido así. El acto de subirse a una máquina de metal y elevarse en el aire para viajar rápidamente a través de estados, países y océanos todavía es una parte central de la experiencia humana del siglo XXI, por ardua que sea.

Y aunque el aparato de seguridad aeroportuaria global posterior al 11 de septiembre ha crecido a proporciones que algunos consideran irrazonables, nunca neutralizará todas las amenazas, ni siquiera podrá hacer cumplir las reglas que ha escrito. Si no, pregunte a Nathan Dudney, un ejecutivo de ventas de un fabricante de artículos deportivos en Nashville que dice que ocasionalmente se olvida de las municiones en su maleta de mano.

A veces son descubiertas, dice, y otras no. Él lo entiende.

No se puede encontrar todo, dice Dudney. Están haciendo las cosas lo mejor que pueden.

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David Koenig cubre la industria aérea para The Associated Press. Sígalo en Twitter en @airlinewriter