Últimas tropas de EEUU salen de Afganistán

por parte de la filial del grupo Estado Islámico en Afganistán. Un ataque suicida el 26 de agosto cobró la vida de 13 militares estadounidenses y alrededor de 169 afganos.

por parte de la filial del grupo Estado Islámico en Afganistán. Un ataque suicida el 26 de agosto cobró la vida de 13 militares estadounidenses y alrededor de 169 afganos.

La retirada definitiva cumplió con la promesa de Biden de poner fin a lo que describió como una guerra eterna que comenzó en respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001, en los que murieron casi 3.000 personas en Nueva York, Washington y la zona rural de Pensilvania. Su decisión, anunciada en abril, reflejaba el cansancio de la nación por el conflicto de Afganistán. Ahora se enfrenta a la condena en su país y en el extranjero, no tanto por poner fin a la guerra, sino por la gestión de una evacuación final que se desarrolló en el caos y suscitó dudas sobre la credibilidad de Estados Unidos.

Las operaciones bélicas estadounidenses por momentos parecían prolongarse sin un final a la vista, con una esperanza mínima de victoria y con poco interés por parte del Congreso sobre la manera en que se gastaron decenas de miles de millones de dólares a lo largo de dos décadas. El costo humano se acumuló: decenas de miles de estadounidenses heridos y fallecidos, así como un incontable número de personas que padecerán traumas psicológicos con los que tendrán que vivir, incluso si aún no lo saben.

Más de 1.100 soldados de los países de la coalición y más de 100.000 efectivos y civiles afganos perdieron la vida, según el proyecto Costo de la Guerra de la Universidad Brown.

Desde el punto de vista de Biden, la guerra pudo haber concluido hace 10 años, cuando Estados Unidos mató a Osama bin Laden, cuya red terrorista de Al Qaeda planeó y ejecutó los ataques terroristas desde Afganistán. Al Qaeda quedó prácticamente desmembrada, evitando hasta el momento un nuevo ataque hacia Estados Unidos.