Sin dinero para irse, rezagados se preparan para Ida

Robert Owens se sentía derrotado e impotente el domingo mientras esperaba en la capital de Luisiana la llegada de uno de los huracanes más fuertes que hayan azotado Estados Unidos.

Robert Owens se sentía derrotado e impotente el domingo mientras esperaba en la capital de Luisiana la llegada de uno de los huracanes más fuertes que hayan azotado Estados Unidos.

El joven de 27 años había pasado días de mucha preocupación viendo largas filas de automóviles que evacuaban Baton Rouge, con destino a lugares más seguros fuera del estado a medida que se acercaba el huracán Ida. Esperaba que él y su esposa, su suegra y su compañero de piso y sus cuatro mascotas estuvieran entre ellos. Pero para salir de la ciudad, requerían dinero para la gasolina y para una habitación de hotel, algo que no tenían.

Desesperado, Owens fue al banco ACE Cash Express el sábado y entregó la documentación para un préstamo de emergencia. Se lo negaron, después de informarle que no tenía suficiente historial crediticio.

Para el domingo, estaba claro que pasarían la tormenta en el apartamento dúplex de su familia.

Nuestra cuenta bancaria está vacía, no podemos costear irnos, comentó.

Añadió que la mayoría de la gente en su vecindario de bajos ingresos está en la misma situación. Quieren irse para proteger a sus familias, pero no tienen más remedio que quedarse.

Muchos de nosotros aquí en mi vecindario tenemos que resguardarnos y esperar, sin saber qué tan mal se va a poner. Es una sensación aterradora, señaló.

Hay personas que tienen fondos en los que se pueden apoyar y salir de aquí, pero hay una gran cantidad de gente de bajos ingresos que no tiene una cuenta de ahorros en la que apoyarse, dijo. Nos quedamos atrás.

Comentó que el vecindario estaba muy tranquilo el domingo, mientras los vientos empezaban a aumentar y comenzaba a llover.

Owens dijo que pasó el día colocando toallas bajo las ventanas con fugas de su dúplex y cargando los dispositivos electrónicos. Trató de ir a comprar comida, pero las tiendas estaban cerradas. Su familia tiene luces colocadas en las paredes de la vivienda. Planeaban esconderse en el cuarto de lavado o en la cocina cuando la tormenta toque tierra firme, lugares que no tienen ventanas.

Hay una sensación general de miedo al no saber cuáles serán las consecuencias de esto, comentó. Eso es lo más inquietante. ¿Qué vamos a hacer si se pone muy feo? ¿Seguiremos vivos? ¿Nos va a caer un árbol encima?, dijo.

El joven señaló que su suegra tiene una discapacidad. Sus compañeros de piso trabajan en el servicio técnico de Apple para sus sistema iOS. Su esposa se dedica a programar donaciones de sangre. Todos dependen del internet para trabajar desde casa y si éste se corta, no podrán ganar dinero.

Podríamos estar sin trabajo, y la renta, la luz, el agua y todos esos recibos aún deberán pagarse, comentó. Nos preocupa un poco perder nuestros servicios o incluso nuestra casa, si sigue en pie, porque no vamos a tener dinero para pagar las cuentas

Señaló que es difícil sentirse tan vulnerable, como si su familia estuviera quedándose atrás.

El hecho de que no somos clase media o alta, se nos vuelve a echar en cara una y otra vez, en muchas direcciones y formas diferentes: un simple adelanto de sueldo es una de ellas, dijo. Es como si tuviéramos que pagar por ser pobres, aunque intentemos no serlo.