Análisis: Tragedias idénticas y los hilos que las mueven

siguen cayendo bajo una pobreza demoledora, el caos político y los desastres naturales, entre ellos un sismo destructivo en 2010.

siguen cayendo bajo una pobreza demoledora, el caos político y los desastres naturales, entre ellos un sismo destructivo en 2010.

¿Es posible alterar esos caminos bien trazados? ¿Existe la posibilidad de que la población en lugares como Afganistán y Haití pueda forjar un camino diferente de aquí en delante? Muchos en esos lugares lo dudan.

En toda una vida de cubrir noticias en algunas de las naciones menos favorecidas del mundo, he encontrado esperanza en los lugares menos esperados: en El Salvador, donde tres niños dejaron por un momento de remover un basural para luchar y reír; En Irak, donde el capitán de la marina mercante al que se le vertió ácido nítrico por sus opiniones políticas soñaba con contar su historia en la corte; en el sur de México, donde un joven se dirigía al norte con la esperanza de saber por qué su padre había fallecido en un centro de detención en Texas (suicidio, se le diría luego).

Pero la esperanza ha sido esquiva especialmente en estos dos lugares, cuyos nuevos desastres parecen confirmar la falta de fe de la gente de que de alguna manera, las cosas podrían ser mejores algún día.

En Afganistán en 2002, después de los ataques terroristas del 11 de septiembre y los cambios tectónicos que causaron en una nación de antemano acostumbrada a una generación de guerra, Hamida, una niña de 12 años, buscaba entre los vegetales podridos al lado de la carretera para alimentar a su familia de 10 integrantes.

Bajo el Talibán, bajo el nuevo gobierno, es lo mismo, murmuró, ocultando su rostro detrás de un rebozo cubierto de lodo. No puedo imaginar que algo vaya a cambiar.

En Haití en 1998, justo después del paso de un huracán que había devastado gran parte del país, un joven en un asentamiento de ocupantes ilegales tenía pocas razones para soñar con algo mejor.

³Diariamente despierto y me echo agua en la cara. Me miro al espejo y no veo nada³, dijo Fritzner Midil, de entonces 24 años.

En ese momento, la resignación de Hamida y el abatimiento de Midil me parecieron difíciles de aceptar. Seguro, pensé, las cosas solo pueden mejorar de ahora en adelante.

Dos décadas después, Haití ha sufrido más huracanes, más sismos y más intervenciones de Estados Unidos. El Talibán ha revertido su derrota de 2001, irrumpiendo triunfante en Kabul esta semana con una nueva generación de combatientes jóvenes al centro de su renacimiento y una promesa de inclusión que nadie está seguro de que vaya a cumplir.

Yo yo me pregunto qué pensarán Hamida y Midil de todo esto. Me pregunto si Hamida fue a la escuela, formó una familia y se formó una vida. Y Midil? Me pregunto qué ve reflejado en el espejo estos días.

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Niko Price está en Twitter como http://twitter.com/NikoPrice