Migrantes varados en extranjero por nueva política de EEUU

Karla Leiva se sentó el jueves en el patio de un albergue para migrantes cerca de la frontera de Guatemala con México con su hija de 5 años, Zoe. Habían estado en tres países en las últimas 24 h...

Karla Leiva se sentó el jueves en el patio de un albergue para migrantes cerca de la frontera de Guatemala con México con su hija de 5 años, Zoe. Habían estado en tres países en las últimas 24 horas, ninguno de los cuales era su patria.

Leiva, de 32 años y oriunda de Yoro, en el centro-norte de Honduras, llegó al albergue ubicado en la localidad de El Ceibo el miércoles. Ella y su hija habían despertado ese día 1.600 kilómetros (1.000 millas) al norte, en Brownsville, Texas, donde fueron subidas a un avión por el gobierno estadounidense junto a decenas de otras madres y niños sin saber a dónde iban.

Se corrió el rumor entre los migrantes que los estaban mandando a California. Eventualmente, mientras volaban, les informaron que el avión aterrizaría en Villahermosa, capital del estado de Tabasco, en el sur de México. Allí, las autoridades mexicanas los subieron a unos autobuses que los condujeron durante más de tres horas hacia la frontera guatemalteca.

Leiva y su hija se vieron envueltas en el plan más reciente del gobierno estadounidense para evitar que los migrantes y solicitantes de asilo lleguen a su frontera sur. Aunque sigue enviando a algunos migrantes en vuelos directos a sus países centroamericanos, el gobierno estadounidense ha empezado a complementar eso con vuelos a ciudades en el sur de México, como Villahermosa y Tapachula, donde las autoridades mexicanas los llevan a la frontera con Guatemala, incluso si no son guatemaltecos.

Desde el año pasado, Estados Unidos no ha permitido que los migrantes soliciten asilo en la frontera sur del país al amparo de un decreto relacionado con la pandemia de coronavirus.

Leiva dijo que ni las autoridades estadounidenses ni las mexicanas le preguntaron si temía regresar a su país natal.

En la frontera entre México y Guatemala, les dijeron que caminaran hacia el territorio guatemalteco y buscaran el albergue. Nadie registró su entrada a Guatemala. No les pidieron una prueba negativa de COVID-19, la cual se exige a todos los extranjeros que ingresan a la nación centroamericana.

Nadie me dijo nada. Nunca escucharon mi caso y por qué yo me fui a Estados Unidos, dijo Leiva. No pude decirles que me estaban extorsionando y que amenazaron con secuestrarme a mi hija pequeña y con llevarse a mis hijos adolescentes para que integraran las maras. Por eso hui de mi país, comentó.

El jueves, mientras respondía las preguntas de los reporteros, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, hizo el primer reconocimiento público de su agencia de que está expulsando a los centroamericanos en vuelos con destino al sur de México. El gobierno mexicano no ha comentado públicamente al respecto.

Mayorkas dijo que Estados Unidos estaba coordinando con el gobierno mexicano los vuelos que incluyen centroamericanos y asegurándose de que cumplen con el derecho internacional para proporcionar protección humanitaria cuando se justifica. No dio más detalles.

Los vuelos al interior de México forman parte de las labores para desalentar el retorno de los migrantes detenidos en la frontera suroeste de Estados Unidos, comentó Mayorkas durante una visita a la región de Rio Grande Valley.

Si de hecho son devueltos y enviados al norte de México, es muy fácil, demasiado sencillo para ellos regresar y volver a intentar una entrada ilegal, señaló. Y por eso, en respuesta a esa reincidencia, los estamos expulsando más al interior de México, donde es mucho más difícil que lo vuelvan a intentar.

Dijo que el gobierno del presidente Joe Biden ha efectuado cambios a las políticas en la frontera, incluyendo el permitir que niños que viajan sin adultos ingresen al país, pero señaló que las personas que carezcan de un derecho legal a la residencia serán deportadas, de acuerdo con la ley.

El miércoles, cinco agencias de Naciones Unidas, incluyendo la del Alto Comisionado para los Refugiados, expresaron su preocupación en torno a la medida estadounidense y reiteraron su llamado al gobierno de Biden para levantar la llamada restricción de Título 42 a las solicitudes de asilo.

Mayorkas señaló que las personas enviadas al sureste mexicano fueron expulsadas en cumplimiento del Título 42.

Durante años, el gobierno estadounidense ha trasladado intermitentemente vía aérea a los migrantes mexicanos deportados al interior de su país de origen para dificultar que intenten cruzar de nuevo la frontera, pero esta parece ser la primera ocasión que traslada a centroamericanos a México, en lugar de a sus naciones natales.

Las acciones están siendo aplicadas después de que Biden desechó muchas de las estrictas políticas migratorias de su predecesor Donald Trump, las cuales dijo eran crueles o desacertadas, incluyendo una que obligaba a los solicitantes de asilo a aguardar en el lado mexicano de la frontera a que llegara la fecha de su audiencia en una corte migratoria estadounidense.

Biden también canceló acuerdos con países centroamericanos para que los migrantes fueran enviados allí a solicitar asilo, negándoles cualquier posibilidad de asentarse en Estados Unidos.

El gobierno de Biden ha dicho que quiere concentrarse en atender las causas de origen de la migración desde Centroamérica. La vicepresidenta Kamala Harris ha encabezado esa labor, visitando México y Guatemala para analizar cómo puede ayudar Estados Unidos en esa tarea, y al mismo tiempo desalentar a la población de emprender el viaje hacia su frontera sur. Sin embargo, esas soluciones son a mediano plazo, en el mejor de los casos. En tanto, en la frontera de Estados Unidos el número de encuentros entre inmigrantes y las autoridades federales continúa en aumento.

Leiva había salido de Yoro el 27 de julio en compañía de su hija y sus tres hijos mayores. Doce días después, ella y su hija cruzaron el río Bravo (Grande) en una balsa hacia Texas acompañadas de un traficante, y fueron detenidas rápidamente. Dijo que se suponía que sus hijos la seguirían, pero no pudieron cruzar.

Las autoridades federales llevaron a Leiva y a Zoe a Brownsville. Dos días después las subieron al avión. El jueves, ambas aún portaban los brazaletes de identificación que les dieron en Estados Unidos.

El albergue color anaranjado en la cima de una colina en El Ceibo ha estado llenándose esta semana conforme más migrantes son dejados en la frontera a diario. No hay mucho más en este remoto cruce fronterizo rodeado de selva.

Leiva aún intentaba comprender qué sucedió y cuál sería el siguiente paso. Aseguró que no puede regresar a Honduras y se lamentó por los 3.000 dólares que le había pagado al traficante para llevarlas a Estados Unidos.

"Nadie firmó ninguna deportación; yo no firmé", declaró. "Nos trajeron engañados, ni siquiera un papel me dieron. Los brazaletes son la única evidencia de que estuvieron brevemente en Estados Unidos.

La única opción de Leiva, aseguró, es intentar llegar nuevamente a la frontera. Sus dos hijos y una hija los esperan en el norte de México.

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El periodista de The Associated Press Ben Fox en Washington contribuyó a este despacho.