Supervivientes de ataques con ácido en México unen fuerzas

El futuro de las mujeres atacadas con ácido en México cambió en una consulta médica de Colombia, allá por 2017.

El futuro de las mujeres atacadas con ácido en México cambió en una consulta médica de Colombia, allá por 2017.

Gina Potes, hoy de 45 años, y la primera superviviente en un ataque con agente químico en América Latina de la que se tiene noticia, recibió una videollamada camino del doctor. Era Carmen Sánchez.

La mexicana la contó cómo tres años antes, cuando estaba desayunando con su madre y hermanas su expareja entró en la casa y la arrojó el líquido corrosivo. Luego huyó en el vehículo de un cómplice mientras ella sentía cómo la barbilla se le quedaba pegada al cuello y el celular se derretía en sus manos.

Me contó todos sus dolores, lloró, me habló de sus cirugías, explica Potes que desde que fundó en Colombia el colectivo Reconstruyendo Rostros se dedica a ayudar a otras mujeres que pasaron por lo mismo que a ella.

La conversación continuaba cuando la colombiana llegó al médico así que la avisó: "mira me voy a empelotar pero seguimos platicando, no te preocupes.

Así fue que esta mujer de pelo alborotado, piernas largas y lindos ojos, según ella se describe y que tras el ataque sufrido en 1996 pensó que se había convertido en un monstruo, se desnudó ante la cámara de su celular y la mirada perpleja de la mexicana.

Verla mostrar sus cicatrices sin pudor zarandeó a Sánchez. Entendió que esconder lo que ha había pasado no ayudaba. Y mientras buscaba justicia en su caso y se sometía a operación tras operación “lleva 61- comenzó a platicar con otras mujeres, a buscar donantes y ayuda de abogados, psicólogos y doctores.

Desde el principio solo tuve dos opciones: o me dejaba morir, cosa que sí pensé muchas veces, o miraba mis cicatrices, las de adentro y las de afuera, y entendía que esa era mi nueva realidad, explicaba Sánchez a finales de julio al recibir un premio de la Cámara de Diputados de México.

Ahí dejó claro a los legisladores que las mujeres como ella no solo se enfrentan a la violencia del agresor sino también a la indiferencia e impunidad del Estado, a la revictimización de los medios de comunicación y a la exclusión y discriminación social y laboral.

Naciones Unidas ha destacado la importancia de modificar las leyes para que reflejen la gravedad del delito y ayuden a la reinserción de las víctimas, como ha sucedido en Camboya, Reino Unido o Colombia.

En México sólo dos de los 32 estados tienen tipificado los ataques con ácido como delito autónomo aunque otras cinco entidades lo consideran un agravante en un delito de lesiones, explicó Ximena Canseco.

Mientras, la violencia de género no cesa.

En la primera mitad de 2021, asesinaron a 1.879 mujeres y lesionaron a más de 33.000, según datos del gobierno federal. Además, se denunciaron casi 10.500 violaciones y más de 23.900 casos de violencia familiar, dos delitos que en marzo y mayo respectivamente batieron récords.

Y de esas violencias previas es donde puede salir el siguiente ataque con ácido, alerta Sánchez, porque en su caso y en el de la mayoría, los atentados se producen cuando ellas deciden separase del agresor.

El agente químico es la gota que derrama el vaso, tienes que sentarse a mirar todas las gotas de violencia previa, familiar y social", coincide la activista colombiana.

Para Xolalpa, una de las principales lecciones a lo largo de estos años es la violencia no se puede normalizar y eso es lo que quiere transmitir a sus hijos. Muchos miedos persisten pero su determinación es clara. Tengo que transformar este dolor en otra cosa. De momento, toca exigir justicia y no callar.