Vacuna contra COVID llega a remota etnia andina de Bolivia

En medio de una escasez de segundas dosis de la vacuna rusa Sputnik V, la china Sinopharm está salvando la emergencia y el viernes llegó a una remota comunidad indígena de los Andes bolivianos.

En medio de una escasez de segundas dosis de la vacuna rusa Sputnik V, la china Sinopharm está salvando la emergencia y el viernes llegó a una remota comunidad indígena de los Andes bolivianos.

Sorprendidos y desconfiados por el revuelo de periodistas y brigadistas, un grupo de adultos recibió las vacunas en un ambiente de fiesta en este pueblo de los Uru Chipaya, a 450 kilómetros al suroeste de La Paz en la frontera con Chile, una etnia que aún conserva su idioma y cultura ancestral en la región más desértica del altiplano.

El gobierno nos está apoyando y estamos agradecidos. Somos uno de los pueblos más antiguos de Sudamérica, dijo Honorio Chino representante de su pueblo en la Asamblea Legislativa. Fue el primero en recibir la segunda dosis del inmunizante. Yo le pido a mi comunidad que se haga vacunar, es importante y necesitamos, declaró a su vez Delia Mamani.

Ataviados con ponchos de lana que ellos mismos tejen, músicos de la aldea tocaron sus instrumentos nativos de viento para dar la bienvenida a brigadistas del Ministerio de Salud que debieron viajar seis horas por carretera.

Construida con ladrillos y calamina, la escuela del pueblo donde se realizó la vacunación contrasta con las casas circulares de adobe y paja que todavía conserva este etnia cuyo idioma nativo el uru chipaya, una de las 36 lenguas reconocidas por el Estado.

La demora en la llegada de la segunda dosis de Sputnik V ha complicado el plan de vacunación del presidente izquierdista Luis Arce y más de medio millón de personas que recibieron la primera dosis podrían quedar sin el refuerzo.

El ministro de Salud, Jeyson Auza, pidió el viernes paciencia y dijo que llegarán las vacunas, pero no precisó fechas.

El gobierno de Estados Unidos donó hace doce días un millón de vacunas Johnson & Johnson, que se destinan de manera preferente a las zonas rurales cuyos habitantes son renuentes a vacunarse.

La cadena de frío es compatible con lo que manejamos en el país. Eso facilita su traslado a zonas alejadas y no necesita segunda dosis, dijo Mayber Aparicio, epidemiólogo del servicio estatal de salud.

También se emplean AsteZeneca y Pfizer, que llegaron en donación.

Hasta el jueves el 38% de la población contaba con la primera dosis y el 16% con vacunación completa de un universo de 7.1 millones de personas. Los contagios llegaron a 466.318 y los decesos a 17.576 en medio de una desescalada de la tercera ola.