Pandemia golpea aprendizaje y salud mental en Latinoamérica

pero en las áreas rurales la última opción no pudo llevarse a cabo por falta de recursos y los maestros reclamaron que en el país existe una alta brecha digital.

pero en las áreas rurales la última opción no pudo llevarse a cabo por falta de recursos y los maestros reclamaron que en el país existe una alta brecha digital.

Las clases en línea, el encierro y la falta de interacción con personas más allá de sus familias también impactaron en la salud mental de los preadolescentes y adolescentes latinoamericanos. Francisca Morales, de UNICEF, dijo que se ha detectado una precarización de la salud mental de los alumnos. Están tremendamente afectados por no poder interactuar con sus pares, no poder salir, jugar, estar al aire libre, mantener rutinas que incluyan a otras personas, precisó.

El deterioro se traduce en falta de motivación, síntomas depresivos, mayor irritabilidad, alteración del sueño y del apetito, señalan encuestas hechas a los padres llegando a niveles más extremos, que están registrando los servicios de salud, de mayores intentos de suicidio, ocupaciones de camas psiquiátricas por niños y niñas", declaró Morales.

Los estudiantes echan de menos las clases y a sus compañeros. Presencialmente te explicaban todo y acá depende de los recursos de uno... Si a uno se le corta el internet a mitad de la clase te pierdes todo, dijo a la AP Mateo, estudiante chileno del sexto grado. Lo que más extraño son a mis profesores y amigos... Recuerdo que la última vez que fui a clases fue un lunes de alguna semana de 2020, agregó Alondra, de ocho años.

América Latina y el Caribe es la región con el cierre de escuelas más prolongado del mundo, con un promedio superior a los seis meses, señala una encuesta de junio último de la UNESCO respondida por 18 países de la región. En marzo de 2021, la mayoría de las naciones de la zona se encontraban bajo un cierre total o parcial debido a los efectos de la segunda ola de la pandemia.

En general, en la región los padres no han presionado para que sus hijos vuelvan a las escuelas, con la excepción de Argentina, donde hubo protestas en abril contra la decisión del gobierno de suspender las clases debido al avance de los contagios, mientras los profesores paralizaron el mismo mes para exigir el fin de las clases presenciales y ser incluidos en la vacunación.

En Chile los maestros de las escuelas públicas se niegan a volver a las escuelas en un país que completó la inmunización de más del 69% de los ciudadanos y más del 83% tiene la primera dosis.

Carlos Díaz, presidente del gremio de profesores chileno, afirmó en junio que no existe ninguna posibilidad de volver a clases presenciales hasta que domine en el país la fase 4, es decir, cuando se permiten los trabajos presenciales, actividades deportivas y pueden atender restaurantes y cafés con aforos reducidos. Hasta mediados de junio, de las 346 comunas chilenas sólo 19 estaban en fase cuatro. Díaz se arroga la representación de los padres y apoderados.

La mayoría de las escuelas pagadas abren las aulas cada vez que se levantan las cuarentenas, mientras en junio pequeños grupos de padres y apoderados empezaron a manifestarse públicamente y otros se reunieron con el ministro de Educación para demandar el regreso de las clases virtuales, pero la mayoría no se ha pronunciado.

La gente no tiene reparos en salir a la calle con sus niños, pero perciben que en el colegio podría haber más riesgo, aunque en el colegio están tomando todas las medidas que se adoptan para ingresar a un supermercado y mucho más, señaló a la AP Delaney, de UNESCO.

Tanto la UNESCO como UNICEF coinciden en que los gobiernos latinoamericanos deben dimensionar el impacto que la enseñanza en línea han tenido en el aprendizaje y en la salud emocional de los estudiantes para desplegar políticas públicas para ayudarlos.

Esta es una tarea de país, no es una tarea sólo del Estado, dijo Morales, de UNICEF, mientras la asesora de UNESCO señaló que el sector privado tiene mucho que hacer.

Ambas organizaciones coinciden en que los colegios deben ser los primeros en abrir y los últimos en cerrar, cuando las condiciones sanitarias sean las adecuadas.