La dura tarea de reconstruir vidas tras pandemia destructora

el coronavirus plantó semillas mortales y recogió una rica cosecha. En los países ricos, las vacunas hacen que disminuyan las muertes, que vuelva la vida, librando a las familias de los encierros. ...

el coronavirus plantó semillas mortales y recogió una rica cosecha. En los países ricos, las vacunas hacen que disminuyan las muertes, que vuelva la vida, librando a las familias de los encierros. Mucha gente llora muertos, sufre, está abatida mentalmente, pero empieza a reconstruir su vida y a planificar futuros.

Sartor dice que tuvo que obligarse a reanudar los contactos sociales.

El COVID te separa de tus amigos. Hay amigos que viven cerca con los que no me vi, gente de Montmartre, que está a escasa distancia, comentó. Me dije que no tengo que caer en la trampa de seguir encerrada, como la gente solitaria.

Ahora que está vacunado, Bulcí£o espera que Francia admita nuevamente a los turistas para que le encarguen fotos artísticas de París e inmortalicen sus recuerdos de la Ciudad de la Luz.

Pero Brasil, de donde es oriundo Bulcí£o, está todavía en las garras de la pandemia.

Apenas un tercio de los brasileños han recibido la primera vacuna. En Francia, más de la mitad. Después de que murieron 111.000 personas en tres olas del virus, Francia se deshiela tras meses de restricciones y privaciones. Justo a tiempo para el verano, reabren restaurantes, museos y fronteras. Y reaparecen los dos besos en las mejillas de la gente que se saluda, totalmente abandonados durante la pandemia. Las vacunas hacen posible que la gente vuelva a besarse sin correr mayores riesgos.

En Brasil, en cambio, se avecina el invierno. Mueren más de 1.500 personas diarias y la cifra de fallecidos ya llega a los 515.000. Es previsible una tercera ola de infecciones. La vuelta a la normalidad está muy distante.

Con raíces en ambos países, Bulcí£o, Sartor y sus dos hijas se sienten afortunados.

De haber estado en Brasil, dijo Sartor, sobrevivir hubiera sido más difícil.

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Gael, si es varón, Carolina si es niña. Ambos encabezan la lista de nombres para el bebé que Celso Franco Jr. y su esposa Juliana esperan tener algún día. Hoy por hoy, les asusta la idea de procrear. Hay demasiada incertidumbre del otro lado de las paredes del pequeño departamento que es su tabla de salvación en medio de la tormenta de muertes e infecciones de Brasil.

Juliana Franco, de 35 años, quiere esperar al menos hasta que estén vacunados, por más de que probablemente su turno llegue recién en septiembre. Su padre sobrevivió a una unidad de cuidados intensivos tras contraer el COVID-19. Su madre y un hermano también se contagiaron. Los dos conocen gente que falleció.

El trabajo de Celso Franco Jr. en un banco le permite ver de primera mano la devastación causada por la pandemia en familias con escasos beneficios sociales y en negocios que quedaron librados a su suerte. Ve cómo la gente agota sus ahorros, pierde su trabajo y ya no salta ante la posibilidad de sacar un crédito.

Ahora solo hago llamadas para refinanciar deudas, postergar inversiones, relata. La primera vez que vi que reabría un negocio, aunque fuese por un período corto, me emocioné. Todo esto es muy duro para los negocios.

En su casa de Suzano, suburbio de Sao Paulo, tienen una cantidad de recuerdos que adquirieron antes de que Brasil pasase a ser zona prohibida para los viajeros internacionales por una variante muy contagiosa que causó estragos primero en Manaus. La nevera tiene numerosos imanes de distintos sitios de Europa. Hay fotos enmarcadas de un viaje que hicieron a París en el 2019. Contrataron a Bulcí£o para que captase el momento en que Celso Franco Jr. se arrodillaba y le pedía a Juliana matrimonio con la Torre Eiffel de fondo.

Añoran volver a París, con Gael, Carolina o como termine llamándose su bebé. Pero primero tienen que sentirse lo suficientemente seguros como para encarar estos proyectos.

Queríamos que quedase embarazada antes de fin de año, pero nos da un poco de miedo, dijo ella. Creo que no falta mucho para la vacuna. Tal vez convenga esperar un poco.

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Los vaivenes de las tasas de infección al compás de las temporadas climáticas y las políticas del gobierno causan confusión.

Rara vez la lotería geográfica ha sido tan importante. Las muertes aumentan aquí, ceden allá. Las restricciones son reforzadas o aliviadas, dependiendo del lugar. Incluso dentro de un país, una ciudad, en la calle y en las casas, se libran batallas para determinar qué se puede hacer y qué no.

Cuando Bulcí£o sacó la foto de la jubilosa pareja brasileña en la torre Eiffel antes de la pandemia, todos los presentes compartieron su deseo universal de amor, vida y la búsqueda de la felicidad.

Poco después, el único objetivo común era sobrevivir.

Juliana le envió a Bulcí£o un mensaje agradeciéndole por las fotos.

Fue un día muy importante en nuestras vidas, le escribió. Sensacional.

Bulcí£o no ha vuelto a la torre desde que estalló la pandemia. Dejó de ser alguien que se subía a un avión sin pensarlo dos veces y quedó varado en su casa.

No sé lo que voy a hacer a corto plazo, admitió. Eso es lo que me preocupa: La ausencia de perspectivas inmediatas.

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El tiempo tal vez cure algunas heridas y vuelva a haber certezas.

Anaí¯s, la hija menor de Bulcí£o, dice que lo peor de la pandemia ya empieza a ser un recuerdo borroso. Con sus 17 años, ya pudo vacunarse y va a todos lados. Es imposible no verla cuando se pasea por las calles de Montmartre con la casaca de franjas negras y blancas de Botafogo, el club de su padre en Río de Janeiro.

A veces da la sensación de que el encierro duró un día, dice Anaí¯s.

Su hermana mayor, Livia, también se puso en marcha. Estaba en Australia, viajando, descubriéndose a sí misma, cuando surgió el virus. Repatriada en un vuelo del gobierno, tuvo que regresar a su casa, a compartir una habitación con Anaí¯s. Fue allí donde la muchacha de 23 años empezó a rehacer su vida.

Un día, al llegar de su trabajo y antes de salir de nuevo para cenar con amigos, anunció que quería reanudar sus estudios.

Lo decidí de repente, cuenta.

¡Qué buena noticia!, le dijo su madre.

Cuando Francia empezó a levantar restricciones en mayo, Livia y sus amigos se reencontraron en un bar de Montmartre, Le Chinon, y reanudaron sus vidas, como si no hubiese pasado nada.

Puedo retomar mi vida como si no hubiera habido pandemia, con inconveniencias que son menores comparados con las de otros países, manifestó. Soy una privilegiada.

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Mauricio Savarese informó desde Suzano, Brasil.