Harris mira a México en su gira sobre migración

pesaría en sus conversaciones.

pesaría en sus conversaciones.

La incapacidad del gobierno de mantener la seguridad en partes del país es de interés para Estados Unidos en lo que afecta a la inmigración, tanto por la gente desplazada por la violencia como por el impacto que tiene en una economía maltrecha que trata de recuperarse de la pandemia.

Aun así, aunque los asesores dicen que la corrupción fue un tema clave en su reunión con Giammattei, no estaba claro si Harris tocaría el tema con López Obrador.

El aumento de las llegadas a la frontera se ha convertido en uno de los principales desafíos para Biden en los primeros meses de su mandato. Los republicanos han destacado un tema que ven como favorable para su bando, ya que los sondeos sugieren que los estadounidenses respaldan menos la estrategia de Biden en inmigración que sus políticas económica y de lucha contra el COVID-19.

Han intentado convertir a Harris en el rostro de esa política migratoria, afirmando que ella y Biden ignoran el tema porque ninguno de los dos ha visitado aún la frontera sur de Estados Unidos. Harris dijo el lunes a los periodistas en Guatemala que se ha centrado en abordar las causas de la inmigración de una forma que produzca resultados tangibles, en lugar de grandes gestos.

Al margen del resultado de sus reuniones del martes, México seguirá siendo un socio clave para los esfuerzos de control de fronteras.

Los cruces ilegales han crecido de forma constante desde abril de 2020, después de que Trump empleara las competencias asociadas a la pandemia para negar a los migrantes la posibilidad de pedir asilo. La tendencia se ha acelerado más bajo el mandato de Biden, que derogó con rapidez muchas de las políticas fronterizas más duras de Trump, especialmente el programa que obligaba a los solicitantes de asilo a permanecer en México a la espera de sus citas judiciales en cortes estadounidenses de inmigración.

Poco después de asumir el cargo, Biden también eximió a los niños no acompañados del llamado Título 42, una política tomada de una poco conocida ley de salud pública de 1944 que permite a las autoridades negar la entrada al país para impedir la expansión de una enfermedad. México aceptó aceptar de vuelta a sus ciudadanos, así como a personas de Guatemala, Honduras y El Salvador a las que se aplicaba ese Título 42.

Las autoridades fronterizas de Estados Unidos encontraron a casi 19.000 niños no acompañados en marzo, la cifra más alta de la que se tiene registro. En total encontraron a 170.000 personas en la frontera en el mes de abril, el número más alto en más de 20 años, aunque los números no pueden compararse directamente porque las personas a las que se impide cruzar bajo las autoridades asociadas a la pandemia no sufren consecuencias legales, de modo que muchos cruzan varias veces.

El 36% de las personas a las que se encontró cruzando de forma ilegal en abril tenía nacionalidad mexicana, la comunidad más numerosa según los últimos datos mensuales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP por sus iniciales en inglés). Les seguían un 22% de hondureños y un 17% de guatemaltecos.

López Obrador también culpó a Biden en marzo por el aumento de llegadas a la frontera de Estados Unidos, señalando que el mandatario generó expectativas de que los migrantes recibirían un mejor trato mejor y sería más fácil cruzar la frontera.