Los insurgentes del Congreso: La hora del arrepentimiento

para agredir a un agente. Se expone a 60 años de cárcel.

para agredir a un agente. Se expone a 60 años de cárcel.

Samuel Camargo, quien publicó un video en Instagram en el que se lo ve forcejeando con un agenta al tratar de ingresar al Capitolio, emitió una disculpa a través de Facebook al día siguiente.

Lamento haber decepcionado a tanta gente, este no soy yo ni creo en estas cosas, escribió. Camargo también fue imputado por los disturbios.

La disculpa no lo ayudó demasiado. Un juez dispuso que siga preso hasta su juicio por considerar que nada garantizaba que se presentaría al juicio de ser liberado.

Una cantidad de sublevados se presentaron delante de jueces federales y algunos ofrecieron disculpas antes de ir a los tribunales. Resulta difícil distinguir quiénes se arrepienten realmente y quiénes simplemente tratan de congraciarse con los jueces en la esperanza de recibir condenas menos severas.

Desde la cárcel, tras ser detenido en marzo y a la espera de una vista para determinar si le daban libertad bajo fianza, Bruno Joseph Cua, de 18 años, le escribió al juez de su caso, asegurándole que estaba arrepentido y que había escarmentado. Lección bien aprendida, su señoría, escribió Cua.

Dos meses antes Cua había dicho en las redes sociales que había sido parte de la historia al participar en la toma del Congreso, de acuerdo con la acusación. En un comentario que los jueces podrían considerar una admisión de su culpabilidad, dijo: Sí, logramos entrar por la fuerza física.

Por ahora no ha habido arreglos extrajudiciales, aunque no se descarta que los haya. Dada la gravedad de lo sucedido, un ataque a lo que muchos consideran el corazón de la democracia estadounidense, fiscales, jueces y el público en general no se muestran demasiado tolerantes.

El juez de Pezzola negó su pedido de libertad bajo fianza, diciendo que podría representar un peligro para la comunidad y que el supuesto arrepentimiento no compensa la evidencia de que estaba dispuesto a desempeñar un papel importante en un acto de violencia política.

Hasta ahora han sido encausados más de 300 sublevados. A varios se los acusa de planificar y coordinar cuidadosamente el ataque del 6 de enero. La mayoría no son acusados de cometer actos de violencia ni de dañar la propiedad, sino de burlar la barrera de seguridad y de ingresar a zonas restringidas.

En la mayoría de los casos no hay dudas de que irrumpieron en el Capitolio. Los mismos imputados se incriminaron difundiendo selfies y videos en las redes sociales.

Edward Jacob Lang publicó una foto en la que se lo ve con partidarios de Trump tratando de ingresar a un túnel del Congreso, golpeando a policías a su paso. Incluso indicó en una foto ESE SOY YO. La foto está siendo usada como material incriminatorio.

Algunos insurgentes afirman que se dejaron llevar por la turba, sin darse cuenta de la gravedad de los hechos hasta que ya era demasiado tarde.

James Raham dijo en un video que en el momento en que atravesó la puerta del Congreso, supo que el FBI vendría por mí. Raham, de 61 años, afirmó que se dejó llevar por la emoción del momento.

Varios psicólogos dicen que a veces la gente, en medio del frenesí de una turba, pierde el sentido de responsabilidad individual e incurre en comportamientos antisociales que jamás hubiesen contemplado por su cuenta.

Pero parece poco probable que los jueces admitan ese argumento.

Uno de los arrepentimientos más sonados es el de Chansley, el supuesto chamán de QAnon. Un juez, sin embargo, le negó la libertad condicional, haciendo notar que en una entrevista con 60 Minutes de CBS Chansley había dicho que no lamentaba su lealtad a Trump.

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Tarm informó desde Chicago.