Migrantes están hacinados en centro de detención de Texas

Más de 500 niños migrantes estaban apiñados el martes en habitaciones con paredes de plástico construidas para alojar a 32 personas únicamente, sentados a centímetros de distancia unos de otros ...

Más de 500 niños migrantes estaban apiñados el martes en habitaciones con paredes de plástico construidas para alojar a 32 personas únicamente, sentados a centímetros de distancia unos de otros en colchonetas, en el principal centro de detención de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (o CBP) para menores no acompañados.

En total, el centro de procesamiento, un complejo de tiendas de campaña blancas en el Rio Grande Valley de Texas, albergaba a más de 4.100 migrantes, de los cuales más de 3.400 eran niños que habían llegado solos a la frontera entre Estados Unidos y México. El resto de los migrantes alojados eran familias.

Las instalaciones, diseñadas para albergar a 250 personas según las directrices de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) durante la pandemia de coronavirus, han tenido que ser adaptadas debido al aumento en el número de familias y niños no acompañados que cruzan la frontera.

El gobierno del presidente Joe Biden permitió a los periodistas ver las condiciones por primera vez desde que se abrió la instalación el 9 de febrero.

El panorama era desalentador.

Un espacio de 297 metros cuadrados (3.200 pies cuadrados) había sido dividido en varias habitaciones para 32 niños cada una según las directrices de los CDC, separadas por paredes de plástico grueso en lugar de la valla de alambre utilizada por gobiernos anteriores. A pesar de las recomendaciones sanitarias, una de las cápsulas albergaba a casi 700 niños, otra a casi 600 y otras a poco más de 500. Todos llevaban mascarillas, pero no se les realizan pruebas diagnósticas de COVID-19 a menos que presenten síntomas.

Las puertas de los habitáculos estaban abiertas para permitir la libre circulación, pero había poco espacio para deambular y ninguno para jugar. La mayoría de los niños se sentaban en el suelo, muy juntos, charlando en voz baja. Algunos estaban envueltos en mantas isotérmicas. Las luces se atenúan por la noche.

Los niños, la mayoría de entre 13 y 17 años, están separados por edades. Las familias ocupaban una cápsula separada que estaba menos abarrotada que las habitaciones atestadas de niños mayores.

Una sala para niños de tierna edad, de 3 a 9 años, consistía en un corralito con colchonetas en el suelo y mucho más espacio que los ocho módulos para niños mayores. Un niño de 11 años cuidaba de su hermana de 3 años, y una joven de 17 años cuidaba de su recién nacido.

Soy agente de la Patrulla Fronteriza. No me inscribí para esto, dijo Oscar Escamilla, director interino del sector Rio Grande Valley de la Patrulla Fronteriza, mientras miraba a los niños más pequeños.

Los niños son procesados en las instalaciones de la ciudad de Donna antes de ser llevados a instalaciones de cuidado a largo plazo administradas por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) y luego colocados con un familiar o patrocinador.

Aproximadamente dos docenas de los cerca de 270 niños que eran trasladados al HHS al mediodía dieron positivo en la prueba de COVID-19, la única vez que se les hace la prueba a menos que presenten síntomas antes. Escamilla dijo que la tasa global de positividad en el centro de Donna era de alrededor del 14%.

Mientras se preparaban para salir, los niños que dieron negativo en las pruebas de COVID-19 jugaban al fútbol en la zona de recreo al aire libre, a la que pueden acudir tres veces al día cuando se limpian sus habitaciones. Los que daban positivo en la prueba del virus se reunían alrededor de bancas metálicas a un costado, pero de todas formas irán a los centros del HHS.

La Patrulla Fronteriza está deteniendo diariamente a muchos más niños de los que acoge el HHS, lo que provoca un grave rezago. Se supone que la Patrulla no debería detener a los niños durante más de tres días, pero el HHS carece de espacio.

Más de 2.000 niños han estado en las instalaciones de Donna durante más de 72 horas, incluidos 39 que llevan más de 15 días. Un niño llevaba allí 20 días. La estancia promedio era de 133 horas.

La intención de la Patrulla Fronteriza no es la detención. No estamos en el negocio de la detención, dijo Escamilla, el funcionario que supervisó la visita de los medios de comunicación. Nos vemos obligados a entrar en el negocio porque no podemos entregarlos a nadie.

El HHS está alojando niños en centros de convenciones de Dallas y San Diego, y está abriendo centros a gran escala en San Antonio, El Paso y otros lugares.

Se está construyendo una gran instalación del HHS cerca del centro de detención de Donna, separada por una valla metálica. El ruido de los equipos de construcción llenaba el aire cerca de los siete autobuses que iban a llevar a los niños a otras instalaciones del HHS.

Entre 250 y 300 niños entran diariamente al centro de Donna y salen muchos menos, una diferencia que, según Escamilla, está provocando un mayor hacinamiento. Ha llegado a albergar a hasta 4.600 migrantes.

Más de 17.000 niños no acompañados estaban bajo custodia de Estados Unidos hasta el lunes, unos 12.000 con el HHS y el resto con la CBP. El lunes, 446 niños entraron en la custodia de la CBP, pero sólo 229 pasaron al HHS.

El HHS, que abrió el martes una instalación para 500 niños en Fort Bliss, Texas, está trabajando para alcanzar una capacidad de 13.500 camas, dijo el portavoz Mark Weber.

Varios cientos de niños y adolescentes cruzan la frontera a diario, la mayoría huyendo de la violencia, la pobreza o los efectos de los desastres naturales en Centroamérica. Biden se ha negado a retomar la práctica de su predecesor Donald Trump de expulsar a los niños no acompañados.

Pero su gobierno ha seguido expulsando a los adultos en virtud de una declaración de salud pública relacionada con el coronavirus promulgada por Trump. Biden también ha intentado expulsar a la mayoría de las familias que viajan juntas, pero los cambios en la ley mexicana han obligado a los agentes de migración a dejar en libertad a muchas familias dentro de Estados Unidos.

___

Merchant reportó desde Houston