Autos, el último refugio para los desalojados en España

Cuando el trabajador social le llamó a Javier Irure para decirle que iba a ser desalojado, el español de 65 años no podía imaginarse que acabaría sin hogar tras cinco décadas de trabajo manual.

Cuando el trabajador social le llamó a Javier Irure para decirle que iba a ser desalojado, el español de 65 años no podía imaginarse que acabaría sin hogar tras cinco décadas de trabajo manual.

Agarré una sábana, puse ahí lo que pude de ropa, unos pocos libros y algo más, y me dije a mí mismo: ˜Tengo un techo donde estar, mi coche™, señaló Irure desde su viejo Renault Clio en el que se ha refugiado durante los últimos tres meses.

Irure está entre una multitud de víctimas indirectas de la pandemia. No se ha contagiado de COVID-19, pero la desaceleración económica provocada por las restricciones al movimiento y a la interacción social implementadas por las autoridades para controlar la propagación del coronavirus resultaron letales para su estabilidad financiera.

Irure, que comenzó a trabajar a los 13 años de botones en un hotel, laboraba como limpiador profesional cuando azotó la pandemia, lo que lo dejó sin fuentes de ingresos. No pasó mucho tiempo antes de que fuera desalojado del apartamento que rentaba.

Intentó obtener ayuda de los servicios sociales del Estado, pero sin buenos resultados. Actualmente recibe apoyo del grupo local de asistencia humanitaria Ayuda Mutua.

"Como un péndulo, que va y viene de ventana en ventana, de llamadas que nunca contestan, de promesas vagas, dijo Irure, refiriéndose a sus intentos por obtener ayuda de la burocracia oficial.

España ha sido golpeada especialmente duro por la pandemia debido a su gran dependencia del turismo y del sector de servicios. El gobierno izquierdista del país ha mantenido un programa de licencias temporales para disminuir los daños, pero de todas formas se han perdido más de un millón de empleos.

Aunque la unidad familiar en España ha sido un sostén para muchos que de otra forma hubieran sido ignorados, los intentos por mantener a la gente confinada han provocado tensiones en las relaciones familiares y la tasa de divorcios se ha elevado. El hecho de que muchos hogares se hayan desbaratado ha dejado a más individuos solos que tienen que arreglárselas como puedan.