Dura lucha contra COVID en barrio de inmigrantes de Berlín

Tres veces a la semana, Aliye Tuerkyilmaz recorre mercados y calles muy transitadas de Neukoelln para distribuir volantes con información sobre el coronavirus entre los residentes de un barrio de inm...

Tres veces a la semana, Aliye Tuerkyilmaz recorre mercados y calles muy transitadas de Neukoelln para distribuir volantes con información sobre el coronavirus entre los residentes de un barrio de inmigrantes lleno de minaretes, negocios de kebabs y locales para fumar narguile.

Esta inmigrante turca de 48 años habla cuatro idiomas y es parte de un equipo de cinco personas que explica los peligros del COVID-19 a gente que a menudo pasa inadvertida en los canales informativos tradicionales en una zona que registra niveles de infección altos.

Sobre todo los inmigrantes mayores no entienden el alemán, algunos son analfabetos y muchos no están al tanto de los riesgos y de las regulaciones relacionadas con la pandemia, expresó Tuerkyilmaz mientras caminaba por un mercado turco junto al canal de Landwehr, donde la gente compra vegetales frescos, pollo y pan.

Una serie de factores se combinan para hacer que Neukoelln resulte un foco de infecciones en Berlín. Hay mucha gente de bajos recursos que vive amontonada, depende del transporte público y trabaja en sectores de alto riesgo, como el alimenticio.

Los problemas para informar a la gente fueron los que motivaron la creación del equipo educativo intercultural de Tuerkyilmaz, conocido como IKAT, por parte de la organización no gubernamental BJS, en coordinación con funcionarios municipales.

La idea es que puedan romper la barrera informativa derivada no solo del desconocimiento del alemán sino también de la desconfianza en las autoridades por parte de una comunidad que se siente marginada, según Kazim Erdogan, un líder comunitario de ascendencia turca.

Si no podemos generar un sentido de pertenencia en épocas normales, menos lo vamos a hacer ahora, comentó Erdogan.

Aproximadamente el 35% de los 3,6 millones de residentes de Berlín son de origen extranjero, sobre todo de Polonia, Turquía, países árabes y la antigua Unión Soviética. En Neukoelln casi todos los residentes son de origen extranjero.

Actualmente hay 4.828 contagios por cada 100.000 habitantes, comparado con el promedio de 3.575 del resto de la ciudad.

Un estudio publicado por las autoridades sanitarias de Berlín en febrero indicó que los distritos más golpeados por el virus son los que tienen las mayores tasas de desempleo, los mayores porcentajes de gente que depende de la ayuda del gobierno y los ingresos más bajos. La incidencia del COVID-19 aumenta cuanto mayor es el porcentaje de personas de familias migrantes, que viven amontonadas, factores ambos vinculados con la pobreza.

La inmigración no es la principal razón por la que corren peligro de contagiarse del virus, pero incide, afirmó Nico Dragano, profesor de sociología médica de la Universidad Heinrigh-Heine de Dí¼sseldorf, quien ha estudiado el fenómeno por el cual el impacto de la pandemia es más fuerte en los sectores más postergados de la sociedad.

Al carecer de información al comienzo de la pandemia, muchas comunidades de inmigrantes mantuvieron tradiciones como bodas y reuniones familiares grandes en viviendas pequeñas, lo que contribuyó a crear focos de infeccion, señaló Erdogan.

Conozco una familia en la que hubo 20 contagios, expresó Erdogan. Fueron a un festejo y nadie se cuidó. Ahora lo están pagando.

Hay más de 135.000 contagios confirmados en Berlín (aunque se cree en realidad son más) y unos 3.000 muertos por el virus.

Si bien no hay formas de medir el impacto de esta iniciativa, el director del municipio de Neukoelln, Martin Hikel, dijo que es importante comunicarse con los inmigrantes en su propio idioma.

Recordó que muchos inmigrantes no leen los diarios alemanes ni ven la televisión, y no se enteran de las regulaciones y las restricciones asociadas con la pandemia.

Por eso tratamos de llegar a estos sectores a través de las redes sociales, de trabajadores sociales y de asociaciones locales, dijo Hikel.

Izabella Grajkowski, de 34 años e integrantes del IKAT de origen polaco, dice que la gente se muestra receptiva cuando le habla en las calles y se identifica con ella por su origen extranjero.

A menudo la gente de IKAT es acompañada por personal médico que puede responder preguntas sobre los problemas de salud de la gente y hacer pruebas de antígenos en el acto si alguien piensa que puede haber contraído el virus.

Todos (los miembros del equipo) venimos de distintas culturas y nos relacionamos bien con la gente de Neukoelln, dijo Grajkowski.

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Frank Jordans colaboró en este despacho.