El papa viaja al castigado norte de Irak para cerrar su gira

El papa Francisco llegó el domingo al norte de Irak, donde tenía previsto rezar en las ruinas de iglesias dañadas o destruidas por extremistas del grupo Estado Islámico y celebrar una misa al aire...

El papa Francisco llegó el domingo al norte de Irak, donde tenía previsto rezar en las ruinas de iglesias dañadas o destruidas por extremistas del grupo Estado Islámico y celebrar una misa al aire libre en el último día de la primera visita papal de la historia al país.

El Vaticano confía en que la gira inspire a las comunidades cristianas del país y las anime a quedarse pese a las décadas de guerra e inestabilidad. Francisco también ha transmitido un mensaje de tolerancia y fraternidad entre religiones a líderes musulmanes, con una reunión histórica el sábado con el máximo clérigo chií de Irak, el gran ayatolá Ali al-Sistani.

Francisco se dirigiría a la ciudad norteña de Mosul, que sufrió graves daños en la guerra contra el EI, para rezar por las víctimas de la guerra en Irak. La cita sería en una plaza de la ciudad rodeada por las ruinas de cuatro iglesias dañadas, pertenecientes a algunas de las muchas denominaciones cristianas en Irak.

Después tenía previsto viajar en helicóptero por las llanuras de Nínive hasta la pequeña población cristiana de Qaraqosh, a donde han vuelto apenas un puñado de familias tras huir de la ofensiva del grupo EI en 2014. Allí escucharía los testimonios de los vecinos y rezaría en la iglesia de la Inmaculada Concepción, quemada por el EI y restaurada en los últimos años.

La agenda del día terminaba con una misa en el estadio de Irbil, en la región semiautónoma kurda. Se esperaba que hasta 10.000 personas acudieran al evento. El papa llegó el domingo por la mañana a Irbil, donde fue recibido por niños con ropas tradicionales, uno de ellos vestido de papa.

Irak declaró la victoria sobre EI en 2017, y si bien el grupo extremista ya no controla territorio, aún comete ataques esporádicos, especialmente en el norte. El país también ha sufrido una serie de ataques recientes con cohetes por parte de milicias con apoyo iraní contra objetivos estadounidenses. Esa violencia se ha relacionado con las tensiones entre Washington y Teherán.

Los tres años de brutal dominio del grupo EI sobre buena parte del norte y el oeste de Irak, así como la dura campaña contra la milicia, dejaron una amplia destrucción. Los esfuerzos de reconstrucción se han paralizado por una crisis financiera que ya dura varios años, y barrios enteros siguen en ruinas. Muchos iraquíes han tenido que reconstruir sus hogares por su cuenta.

La minoría cristiana salió especialmente malparada. Los milicianos les obligaron a elegir entre la conversión, la muerte o el pago de una tasa especial para no musulmanes. Miles de personas huyeron, dejando atrás viviendas e iglesias que fueron destruidas o requisadas por los extremistas.

La población cristina iraquí, que llevaba allí casi 2.000 años, ya se había reducido de forma drástica, de unos 1,5 millones de personas antes de la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, y que sumió el país en el caos, a apenas unos cientos de miles ahora.

Francisco confía en ofrecer un mensaje de esperanza subrayado por la naturaleza histórica de la visita, así como el hecho de que este es su primer viaje internacional desde que comenzó la pandemia del coronavirus.

Expertos en salud pública expresaron antes del viaje su preocupación porque las grandes aglomeraciones pudieran convertirse en focos de contagio del coronavirus, en un país donde el brote va a peor y pocas personas se han vacunado.

El Vaticano ha dicho que está tomando precauciones, como reducir el aforo en la misa al aire libre. Pero durante la visita se han visto aglomeraciones sin distanciamiento en las que mucha gente no llevaba mascarilla. El papa y su comitiva están vacunados, pero la mayoría de los iraquíes no.