Manifestantes en Myanmar mantienen la presión sobre Ejército

Miles de personas desafiaron el domingo las órdenes contra las manifestaciones en Myanmar para marchar de nuevo contra el golpe militar que derrocó al gobierno electo de Aung San Suu Kyi.

Miles de personas desafiaron el domingo las órdenes contra las manifestaciones en Myanmar para marchar de nuevo contra el golpe militar que derrocó al gobierno electo de Aung San Suu Kyi.

Se celebraron grandes manifestaciones en las ciudades de Yangón y Mandalay, así como en la capital, Naipyidó, y en zonas más remotas dominadas por minorías étnicas.

Los manifestantes en Yangón volvieron a marchar ante las embajadas de China y Estados Unidos. Acusan a Beijing de apoyar al régimen militar y celebran las acciones de Washington de sancionar al Ejército.

El movimiento de desobediencia civil y las manifestaciones muestran que la gente de Myanmar quiere democracia. Les apoyamos", indicó el sábado la embajada estadounidense en un comunicado difundido en Twitter.

Algunos manifestantes portaban carteles llamando a boicotear a empresas vinculadas con el Ejército.

Los funcionarios del país han sido muy activos en las protestas, y entradas en medios sociales el domingo indicaban que se les habían unido los trabajadores ferroviarios, con algunas afirmaciones sin confirmar sobre que habían iniciado una huelga.

El Ejército tomó el poder el 1 de febrero, detuvo a Suu Kyi y a miembros de su gobierno e impidió que los legisladores recién elegidos inaugurasen el nuevo curso parlamentario.

La junta, liderada por el general Min Aung Hlaing, dijo que se había visto obligada a intervenir porque el gobierno no había investigado adecuadamente las acusaciones de fraude en las elecciones del año pasado, que ganó de forma abrumadora la Liga Nacional para la Democracia de Suu Kyi. La comisión electoral del país rechazó esas acusaciones, afirmando que no había pruebas que las respaldaran.

Se estima que cientos de miles de personas han salido a las calles en ocho días de protestas callejeras pese a la amenaza de penas de seis meses de prisión por incumplir la orden contra las reuniones de cinco personas o más. La misma orden impuso un toque de queda de 20:00 a 4:00 de la mañana.

Los manifestantes también tenían motivo para temer por su seguridad personal, ya que la policía utilizó balas de goma para intentar disolver algunas marchas. Una mujer de 19 años estaba con respiración asistida en un hospital y no se esperaba que se recuperase, tras recibir un disparo en la cabeza, según los expertos con munición real, en una protesta en Naipyidó.