Las penurias de un disidente chino en tiempos de pandemia

llegó al poder, sus puntos de vista le crearon problemas a Zhu. En el 2014 fue detenido por un mes tras presentarse con una camisa negra y una flor blanca en una plaza de Wuhan en el aniversario de l...

llegó al poder, sus puntos de vista le crearon problemas a Zhu. En el 2014 fue detenido por un mes tras presentarse con una camisa negra y una flor blanca en una plaza de Wuhan en el aniversario de la represión de la PIaza de Tinananmen, lo que le generó tensiones con su hijo adolescente.

Al surgir un misterioso trastorno respiratorio a principios del año pasado en Wuhan, su desconfianza del gobierno le vino bien. Zhu empezó a pedir a amigos y familiares que se cuidasen. Algunos pensaron que eran sus quejas de siempre, pero su esposa y su hijo se quedaron en la casa, evitando contagios como los que sufrieron muchos familiares.

La primera infectada fue una tía de su esposa, que empezó a toser luego de ver a su médico en un hospital donde se propagaba el virus. Después una prima que la acompañó. Acto seguido la madre de su vecino.

Se decretó una cuarentena, dispuesta sin aviso previo el 23 de enero a las dos de la mañana. Wuhan pasó así a la historia como el epicentro de la cuarentena más grande jamás dispuesta. El virus causó estragos en esta ciudad de 11 millones de habitantes, llenando los hospitales y matando a miles, incluida la tía de su esposa.

Zhu sintió que los hechos le estaban dando la razón y vio una explosión de ira en las redes sociales, que alcanzaron su punto culminante en febrero, después de la muerte de Li Wenliang, un médico de Wuhan que había sido castigado por advertir a los demás que el virus podía costarles la vida.

Esa noche, Zhu estuvo pegado a su teléfono, leyendo cientos de comentarios en las redes denunciando la censura y exigiendo libertad de expresión.

Al día siguiente, muchos de esos comentarios habían sido eliminados por los censores. En el certificado de defunción de la tía de su esposa los médicos dijeron que había fallecido por una infección pulmonar, a pesar de que la prueba del coronavirus había dado positivo. Eso aumentó las sospechas de Zhu de que el gobierno ocultaba la gravedad del brote.

Estaba tan furioso que me dolía, afirmó. No tenía donde desahogarme. Te sientes tan mal que quieres matar a alguien.

El virus afectó las relaciones de Zhu. Un vecino que era amigo de infancia se peleó con él cuando los médicos dijeron que su madre padecía una infección pulmonar común.

Le dije, ˜¿cómo puedes estar seguro de que el hospital te dice la verdad?™, relató Zhu. Le dije que tuviera cuidado.

Una semana después la madre del amigo falleció y el amigo lo acusó de haberle echado un maleficio a la mujer. No se hablan desde entonces.

En abril se levantó la cuarentena, después de 76 días. Pero Zhu no regresó al trabajo, como los demás. Pidió una licencia por razones médicas y permaneció en su casa. Su cuarentena personal lleva más de 400 días.

No quiso ir a los funerales de su primo y una tía, por lo que sus parientes se sintieron ofendidos.

Hay más gente como él, desde intelectuales renegados de Beijing hasta un café punk en Mongolia Interior con carteles y adhesivos que dicen prevenible y controlable, burlándose de una frase que usaron las autoridades.

En Wuhan, los disidentes se comunican a través de chats codificados. Algunos se reúnen a tomar un té y hablan de las incoherencias del partido, diciendo orgullosos que se salvaron del virus por no confiar en el gobierno.

Pero salvo por esos contactos, no hay mucho espacio para organizarse o mantenerse en contacto

Encerrado en su casa, Zhu lee mucho. Le gustan los escritores soviéticos que se burlaban del aparato propagandístico de Moscú. Y está convencido de que el virus puede esparcirse más por China, a pesar de que la cuenta oficial de contagios y muertes es hoy mucho más baja que la de la mayoría de los países.

Llevan tanto tiempo mintiendo..., expresó, que si empiezan a decir la verdad, no se las voy a creer.