Eritreos matan y saquean en Tigray, Etiopía, según testigos

Se escuchaba el ruido de las joyas robadas en los bolsillos de los soldados eritreos. Incómoda, Zenebu los vio probarse la ropa que se habían llevado de casas de la región de Tigray, en Etiopía.

Se escuchaba el ruido de las joyas robadas en los bolsillos de los soldados eritreos. Incómoda, Zenebu los vio probarse la ropa que se habían llevado de casas de la región de Tigray, en Etiopía.

Querían llevarse todo lo que tuviese valor, hasta pañales, expresó Zenebu, quien regresó este mes a Colorado, donde vive, tras pasar semanas sin poder salir de Tigray, adonde fue a visitar a su madre. Dijo que vio camiones llenos de cajas con direcciones en Eritrea, que llevaban los bienes saqueados.

Agregó que soldados eritreos fueron de casa en casa y mataron a hombres y niños, incluido uno de siete años, y luego no permitieron que fuesen enterrados. Los mataban incluso por llorar, declaró Zenebu a la Associated Press, usando solo su primer nombre porque su familia permanece en Tigray.

Se sabe poco del conflicto armado, pero hay testigos que dan detalles de la participación de Eritrea, una de las naciones más aisladas del mundo. Se cree que miles de soldados eritreos están combatiendo junto a las fuerzas etíopes. Se los acusa de emprenderla contra miles de refugiados vulnerables de su propio país, violando e intimidando a los lugareños. Y se dice asimismo que no quieren regresar a su país.

Eritrea y Etiopía hicieron las paces tras un conflicto durísimo y el primer ministro etíope Abiy Ahmed recibió el Premio Nobel de la paz por sus gestiones en el 2019. Pero Eritrea sigue siendo enemigo de los líderes de Tigray, que dominaron el gobierno etíope por casi 30 años y ahora son fugitivos, desde que estalló la guerra entre el gobierno etíope y milicias de Tigray, producto de crecientes luchas por el poder.

El gobierno etíope niega la presencia de fuerzas de Eritrea en Tigray a pesar de que un comandante etíope la confirmó el mes pasado. Las autoridades eritreas no respondieron a preguntas.

Los soldados eritreos, por otro lado, no tratan de pasar inadvertidos. Incluso han participado en reuniones en las que organizaciones humanitarias negocian el acceso a la zona con las autoridades etíopes.

Millones de residentes de Tigray, una región con pocos contactos con el mundo, viven temerosos de los soldados, que hacen recordar los horrores de una guerra fronteriza de dos décadas. Los acuerdos de paz revivieron los lazos culturales y familiares con Tigray, pero los eritreos al poco tiempo cerraron los cruces fronterizos.

Si los eritreos no quieren irse, las Naciones Unidas deberían protegernos antes de que desaparezcamos como pueblo, expresó el exministro de defensa etíope Seye Abraha en comentarios difundidos por medios de Tigray.

Una portavoz del primer ministro etíope, Billene Seyoum, no respondió a pedidos de entrevista para hablar de las fuerzas eritreas.

Casi todos los periodistas tienen prohibido ir a Tigray y el acceso de las organizaciones humanitarias es limitado, por lo que los relatos de testigos son los que ofrecen una mejor idea acerca de la presencia eritrea.

Los eritreos aparecieron primero en el noroeste de la provincia de Tigray. La Comisión Etíope de Derechos Humanos dice que residentes de Humera, ciudad de la frontera, denunciaron que los eritreos saquearon depósitos de comida y granos, lo que contribuyó a que aumentase el hambre en la zona.

El relato de Zenebu, una trabajadora del campo de la salud de 48 años, es uno de los más detallados de que se tienen noticias. Y viene del centro de Tigray, una zona de la que se sabe muy poco.

Dice que vio soldados eritreos por primera vez a mediados de diciembre. Se escapó con otros a las montañas, dejando atrás a su madre, demasiado frágil para esa travesía. Volvió 12 días después al pueblo de Hawzen, ansiosa por saber si su madre había sobrevivido.

Cuenta que, en la oscuridad, se tropezó con cadáveres, incluidos los de unas 70 personas que ella conocía. El piso estaba lleno de botellas de cerveza, cigarrillos y otra basura. No se distinguía entre los cadáveres de las personas y de animales.

Un vecino de 12 años hizo algunas diligencias para los soldados y luego fue asesinado.

Vi al muchacho, dijo Zenebu. Se deshicieron de él.

Su madre había sobrevivido, pero se habían llevado de todo de su casa.

Mataron a mucha gente por tener fotos de los líderes de Tigray, incluso algunas viejas, según Zenebu. Las fotos fueron quemadas. Indicó que, si bien algunas de las atrocidades fueron cometidas por las fuerzas etíopes y aliados de la región vecina de Amhara, reconoció a los eritreos por sus rasgos físicos y por el dialecto tigriña que hablan.

Me sentí destrozada y sorprendida al ver que los eritreos hacían estas cosas porque sentía una conexión con ellos, dado que hablamos el mismo idioma, dijo Zenebu. Sentía que estábamos en la misma lucha, agregó. Nadie nos conoce como los eritreos.

Los lugareños buscaban cómo sobrevivir al mermar la provisión de alimentos. Se cortó el suministro eléctrico y se acabaron los insumos médicos. La gente se moría de hambre, manifestó Zenebu.

La situación era peor que en la década de 1980, cuando una hambruna y otro conflicto desgarraron Tigray y ella escapó a Sudán.

En esa época no hubo saqueos casa por casa, no se usó el hambre como un arma de guerra, no hubo asesinatos despiadados, expresó. Esto de ahora es mucho peor.

Zenube logró irse de Hawzen y llegar a la capital de Tigray, Mekele, haciéndose pasar por una residente. De allí llamó histérica a su familia para decirles que estaba viva.

Ahora no puede comunicarse con su madre.

Su relato no puede ser confirmado por la falta de comunicaciones con Tigray.

Pero otra persona que escapó de Hawzen y llegó este mes a Estados Unidos dijo a la AP que había soldados eritreos por todas partes y confirmó los asesinatos y los saqueos. Dice que también los identificó por su dialecto.

La misma sangre, el mismo idioma, manifestó. No sé por qué mataban. El hombre habló igualmente a condición de no ser identificado porque tiene familiares en Tigray.

Estamos investigando informes verosímiles acerca de una serie de abusos por parte de fuerzas eritreas en Tigray, incluidas ejecuciones extrajudiciales de civiles, saqueos generalizados y la destrucción de propiedad pública y privada, incluidos hospitales, declaró Laetitia Bader, de Human Rights Watch.

Unos 60.000 refugiados que huyeron a Sudán aportaron también relatos de lo que sucede en Tigray.

Mis cinco hermanos y mi madre están en Axum, cerca de la frontera con Eritrea, dijo a la AP un médico que se escapó. La gente de Azum dice que las fuerzas eritreas mataron a muchos jóvenes.

No se puede llamar por teléfono. No sé si mis hermanos están vivos, añadió.

Una mujer que logró llegar a Estados Unidos desde Axum y que se identificó solo por su primer nombre, Woinshet, lloró al contarle a la AP que sobrevivió porque les mostró a soldados eriteros su pasaporte estadounidense.

En Asum no hay militares. Solo monasterios, expresó. Acotó que vio muchos cadáveres en las calles.