Chile presenta dos ejemplares de asnos somalíes amenazados

Lucrecia e Ita son chilenas, pero su origen es una sofisticada mezcla de los populares asnos con reminiscencias de la majestuosidad de las cebras africanas y se remite a miles de kilómetros de Chile,...

Lucrecia e Ita son chilenas, pero su origen es una sofisticada mezcla de los populares asnos con reminiscencias de la majestuosidad de las cebras africanas y se remite a miles de kilómetros de Chile, a las tierras cálidas de Somalia.

Las dos nuevas integrantes del Buin Zoo de Santiago fueron presentadas al público e introducidas en sociedad el viernes, con mucha alegría, porque pertenecen a una especie de la se estima que apenas quedan 200 ejemplares en todo el mundo: los Asnos Salvajes de Somalia.

Lucrecia e Ita juegan en frente de las cámaras, indiferentes a la fascinación que genera esa mezcla de cotidianidad que transmite su aspecto, similar al un burro silvestre, con los trazos elegantes de las patas blancas y rayadas de una cebra. Su peculiar belleza ha sido retratada en múltiples ocasiones por los pueblos antiguos del norte de ífrica, en pinturas en cuevas prehistóricas, y validada por los sultanes somalíes, que llegaron a ordenar que se le cortara la mano a los hombres que trataran de matar a los asnos salvajes.

Las dos nuevas crías son resultado de un exitoso y complejo proyecto internacional, el Programa Europeo de Especies en Peligro de Extinción (EEP) para asnos salvajes somalíes, en el que participa el zoo chileno para tratar de salvar de la extinción a esta especie, tan rara físicamente como amenazada, según un comunicado de la institución chilena.

Categorizadas como en peligro crítico de extinción, según la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (IUCN), se estima que en vida silvestre sólo existen entre 23 y 200 ejemplares de esta especie, amenazada una vez más, por la acción del hombre que la caza con fines alimentarios y medicinales para usar algunas partes de su cuerpo en sopas con huesos que supuestamente pueden aliviar la tuberculosis, el estreñimiento, el dolor de espalda y de huesos, el reumatismo y otros, algo que no ha sido demostrado científicamente.

Dos hembras llegaron en 2017 procedentes de Francia al Buin Zoo para iniciar la difícil reproducción y en octubre 2019 un macho adulto de 15 años de edad, también procedente de Francia, completaba el trío que ha vivido tranquilo en tierras chilenas.

Tras 13 meses de gestación, las dos hembras dieron a luz a las nuevas integrantes de la familia, nacidas el 7 y el 13 de enero, que trajeron consigo la esperanza de eludir el destino de la extinción.

Ellas, inocentes, juegan tranquilas como crías, desconociendo aún la pesada carga que tienen sobre sus crines: garantizar un poco más la supervivencia de esta especie bella y llamativa.