EEUU: Gente quiere ver a seres queridos pese a coronavirus

Algunas personas tienen avanzada edad y saben que ya no les quedan muchas navidades. Otras intentan mantener vivo el amor a larga distancia. Algunas sólo anhelan la conexión humana ausente en los ú...

Algunas personas tienen avanzada edad y saben que ya no les quedan muchas navidades. Otras intentan mantener vivo el amor a larga distancia. Algunas sólo anhelan la conexión humana ausente en los últimos nueve meses.

Millones de estadounidenses están viajando antes de Navidad y Año Nuevo a pesar de las recomendaciones de los expertos en salud pública de que permanezcan en casa para no avivar la pandemia de coronavirus que ha dejado más de 320.000 muertos en Estados Unidos.

Muchas personas en los aeropuertos esta semana lo pensaron mucho antes de decidir si iban a alguna parte y encontraron alguna excusa.

Mi mamá lo vale. Necesita mi ayuda, dijo la pescadora Jennifer Brownlee, de 34 años, de Bayou La Batre, en Alabama, que esperaba en el aeropuerto de Tampa para viajar a Oregon. Quería ver a su madre que perdió hace poco una pierna. Sé que Dios está conmigo. No dejará que me enferme.

Brownlee dijo que llevará mascarilla en el avión por respeto a otros pasajeros pero que estará protegida por su sistema inmunitario y Jesucristo.

Más de 5 millones de personas pasaron por los controles de seguridad de los aeropuertos de la nación del viernes al martes, según la Administración de Seguridad en el Transporte.

La cifra supone una disminución de 60% respecto del mismo periodo del año pasado. Pero equivale a alrededor de un millón de pasajeros por día, los que Estados Unidos registró las jornadas previas al Día de Acción de Gracias, cuando algunos estadounidenses ignoraron las advertencias y terminaron agravando el incremento de casos a nivel nacional.

Michelle Lopez se preguntaba si hizo la decisión correcta después de viajar en avión de Houston a Norfolk, Virginia, donde su novio sirve en la Marina de Guerra.

Yo no quería viajar, pero hace mucho que no lo veo, dijo Lopez, de 24 años, que la última vez que vio a su novio fue hace cinco meses e intentaba conservar la relación.

Antes del vuelo, Lopez se hizo una prueba de COVID-19 que salió negativa. Pero los dos aviones en los que viajó tenían poco espacio para el distanciamiento social. Algunos pasajeros se retiraron sus mascarillas para comer o beber. Y nadie utilizó las toallitas que las aerolíneas entregan para sanitizar los reposabrazos y las charolas.

Su escala en el aeropuerto O™Hare de Chicago fue igualmente inquietante, dijo. Estaba lleno de personas y se sentía el calor de tanta gente. Algunas llevaban la mascarilla abajo de la nariz. En los baños nadie se lavaba las manos durante al menos 20 segundos, afirmó López.

Lopez trabaja como asistente médico en un consultorio. Tendrá que estar en cuarentena durante 10 días en casa y hacerse de nuevo otra prueba antes de regresar a su trabajo.

Joan Crunk, de 75 años, y su esposo, Jim, de 80, de Grandview, Missouri, se encontraban el martes en el aeropuerto de Kansas City, esperando a su hija y su yerno, que venían de Savannah, Georgia, y tenían planeado quedarse con ellos hasta el 2 de enero. Hace un año que no se ven.

Joan Crunk dijo que conversaron bastante sobre si debían reunirse o no.

Es muy difícil y estamos viejos. Mi esposo tiene 80 años. No hay garantía de vivir el año entrante, afirmó la señora mientras la melodía Silver Bells se escuchaba en los altavoces del aeropuerto.

El director de salud pública de Estados Unidos, Jerome Adams, alentó a la gente a que celebre sólo con las personas de sus casas, pero afirmó que si esto no es posible, deben adoptar precauciones como garantizar una buena ventilación en el lugar.

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Los periodistas de The Associated Press, Alexandra Olson, en Nueva York; Ben Finley, en Norfolk, Virginia; Heather Hollingsworth, en Kansas City, Missouri; Sophia Tareen, en Chicago; Sarah Blake Morgan, en Raleigh, North Carolina; y Sophia Tulp, en Atlanta, contribuyerona a este despacho.