La muerte del sol: la visión mapuche de los eclipses

es clave.

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Lo que podría seguir al eclipse es una serie de cambios cosmológicos. Hay un ciclo de la vida y del cosmos que fenece, pero también es una muerte transitoria a partir de la cual viene nueva vida, nuevos bríos, brotes, nuevas energías, afirma de a su vez Pedro Canales, historiador especializado en comunidades indígenas de América Latina y el Caribe de la Universidad de Santiago (USACH), citando a la educadora mapuche Elisa Loncon.

Hoy en día los pueblos indígenas saben que a partir de este gran eclipse la vida, la Tierra, los seres humanos asumen un nuevo momento y un nuevo caminar, hay un elemento de permanencia y de cambio, afirma el historiador.

Por todo esto, las comunidades mapuches se preparan para el evento.

Es un día que se vive muy reflexivamente y quizá algunos territorios o familias puedan hacer una oración especial, afirma Natalia Caniguan.

A diferencia de lo que el eclipse sería para un turista o para miembros de otras comunidades, para los mapuches la preparación está relacionada con guardarse y no ver el eclipse porque la tiniebla o la oscuridad implica la pérdida de las certezas, por lo que hay que estar en la ruca (vivienda), agrega Canales.

También pueden realizarse algunos rituales. Uno de ellos se conoce como llellipun, una rogativa para que a la gente no le ocurra nada malo. De este modo, agrega Ancalao, se permite el nacimiento de un nuevo tipo de persona que tenga la capacidad de cambiar los hechos negativos que han subyugado a toda una sociedad, no solo mapuche sino también la chilena.

Para Ancalao este nuevo ciclo podría marcar el final de una forma de explotar la naturaleza por la supremacía de la utilidad y al hombre por el capital, que ha destruido a esta sociedad.

La gran diferencia es que los Mapuche, y los indígenas en general, ubicamos la vida en el centro del desarrollo. Esta es la única forma de perpetuar la especie humana, concluye.