Hambre, dura realidad en el país más rico del mundo, EEUU

no alcanzaba. Pagan 500 dólares al mes por el alquiler del tráiler de dos dormitorios donde viven y unos 450 dólares por electricidad e internet para que sus cuatro hijos, de nueve a 15 años, pued...

no alcanzaba. Pagan 500 dólares al mes por el alquiler del tráiler de dos dormitorios donde viven y unos 450 dólares por electricidad e internet para que sus cuatro hijos, de nueve a 15 años, puedan estudiar a la distancia.

Cuesta darles de comer a los cuatro chicos todos los días, dijo Leocadio frente a su casa, tras recibir ayuda de la Sociedad de San Vicente de Paul en Phoenix, Arizona. La familia recibió dos cajas donadas que incluían latas de tomate, frijoles secos, arroz, cereal para el desayuno y algo que sus hijos adoran: galletitas Oreo.

La comida es la mitad de lo que la familia consume en cuatro semanas, pero les representa un ahorro de unos 250 dólares mensuales.

Si bien los comedores populares han resultado vitales durante la pandemia, no son la única forma de combatir el hambre. Por cada plato de un comedor popular, un programa del gobierno llamado Supplemental Nutrition Assistance Program, que ofrece cupones alimenticios, reparte nueve.

Activistas pidieron al Congreso que aumentase un 15% esos beneficios. Una medida parecida dio muy buenos resultados durante la última recesión. Un proyecto de ley aprobado en la cámara baja contempla ese incremento, pero la iniciativa está estancada en el Congreso.

Aaron Crawford dice que los 550 dólares en cupones alimenticios que recibe la familia fueron importantísimos y la ayudaron a sobrellevar los problemas médicos que tienen. Tanto él como su esposa Sheyla tuvieron casos leves de COVID-19; ella se tuvo que someter a una histerectomía.

La familia cuenta asimismo con los Family Resource Centers and Food Shelf, parte de 360 Communities, una agrupación sin fines de lucro a 15 minutos de su departamento en Apple Valley, Minnesota.

Cuando necesitan, reciben mensualmente cajas con vegetales, productos lácteos, carne y otros productos básicos. Si se quedan cortos, pueden solicitar un nuevo envío que los ayuda a llegar a fin de mes.

Al principio a Crawford le daba vergí¼enza ir a pedir comida. Temía encontrarse con algún conocido. Ahora lo ve de otra manera.

No me siento una persona mala o un esposo o padre terrible, manifestó. Por el contrario, estoy haciendo algo para que mi esposa e hijos tengan qué comer.

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Sharon Cohen está en scohen@ap.org y en http://twitter.com/SCohenAP.

En este despacho colaboraron Martha Irvine (desde Evanston, Illinois), Rebecca Santana y Gerald Herbert (Nueva Orleáns), Anita Snow (Phoenix, Arizona), Mark Thiessen (Anchorage, Alaska) y la editora de datos Meghan Hoyer.