México, cuarto país en llegar a 100.000 muertos por COVID-19

cuidó a cuatro de sus familiares que enfermaron de COVID-19, valiéndose de recomendaciones vía telefónica y de los medicamentos que recibió de un doctor que atendía a sus propios familiares.

cuidó a cuatro de sus familiares que enfermaron de COVID-19, valiéndose de recomendaciones vía telefónica y de los medicamentos que recibió de un doctor que atendía a sus propios familiares.

Su primer encuentro con los efectos psicológicos de la pandemia fueron sus propios temores de que su trabajo como empleada de salud pudiera haberla expuesto al virus.

Me faltaba el aire, recuerda haber pensado. También es cuestión psicológica.

Logró tranquilizarse pensando: Si yo me altero, si yo pienso que voy a morir, que yo ya tengo la enfermedad, pues también me va a atacar a mi corazón porque me lo acelera y puedo provocar yo misma que me pueda dar hasta un infarto.

Su segundo encuentro giró en torno a la decisión de sus familiares de recuperarse de la enfermedad en casa. Desesperadamente tuvo que encontrar la manera de obtener equipo médico, costoso y escaso.

Yo les decía: ˜Es que no puedo, yo sola no puedo™, contó López González.

La gota que derramó el vaso fue cuando su esposo, quien no enfermó durante la primera ronda de contagios, sufrió un aparente ataque de pánico a bordo de un taxi, pensando que se había infectado y no podía respirar.

Él empezaba a entrar en esta psicosis de que ya tenía esa enfermedad, y que pues era probable que le pudiera haber dado un infarto, declaró.

De igual forma, seguían aterrados de acudir a un hospital del gobierno.

Fue un ciclo, así como de terror, realmente, declaró. Teníamos el miedo de ir a un hospital y escuchar todo, en redes sociales, de que se salían los pacientes, que se escapaban, que los mataban. Entonces era una psicosis enorme.

Pero López González, cuyo trabajo involucra entregar mascarillas quirúrgicas gratuitas a los residentes, también ha visto el otro lado de la tormenta psicológica: Aquellos a los que no les importa.

Llega el caso de una persona a la que yo misma le entregué el cubrebocas y le comentaba que no tenía por qué andar afuera sin el cubrebocas, recordó. Ella me hace el comentario que a ella no, a ella no le va a pasar eso ya. A los 15 días nos enteramos que la persona muere por COVID.