México supera un millón de contagios de COVID-19 confirmados

pero está cerca. Registra un aumento de casos diarios desde mediados de octubre y las autoridades se encuentran especialmente preocupadas ante el alza de hospitalizaciones.

pero está cerca. Registra un aumento de casos diarios desde mediados de octubre y las autoridades se encuentran especialmente preocupadas ante el alza de hospitalizaciones.

Las más recientes medidas puestas en marcha por las autoridades capitalinas incluyen el cierre de bares y cantinas, así como la restricción de horarios de negocios en espacios cerrados como restaurantes y gimnasios. Sin embargo, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum no descartó que, de no corregirse la tendencia al alza de la epidemia, las restricciones sean reforzadas y ampliadas.

La principal promesa del presidente a los mexicanos es que habría suficientes camas de hospital para quien necesitara una, y su gobierno lo ha cumplido en gran medida, pero la población tiene mucho miedo a ser hospitalizada y con frecuencia espera hasta el último momento, punto en que, según los médicos, es demasiado tarde. Este temor no es infundado; a principios de la pandemia, 75% de los pacientes intubados y puestos en respiradores falleció en la mayor red de atención médica del país.

En un punto a su favor, el gobierno cambió su mensaje dirigido al público en un aspecto: cuando las autoridades pedían antes a la gente que permaneciera en casa tanto como le fuera posible si estaba enferma, ahora recomiendan a quienes tengan más de 60 años o factores de riesgo como diabetes u obesidad que busquen atención inmediata.

Pero en la mayoría de otros aspectos, la insistencia de que el resto del mundo está equivocado y la postura de México es la correcta al parecer ha costado vidas.

Desde el inicio de la pandemia, México ha realizado apenas 2,5 millones de pruebas a sus ciudadanos; solo se efectúan a las personas gravemente enfermeras. Como las pruebas corresponden sólo a 1,9% de la población, resulta difícil, si no imposible, rastrear eficazmente a los contactos, detectar brotes de manera oportuna o identificar casos asintomáticos.

El médico Arturo Galindo, jefe de epidemiología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, uno de los principales hospitales públicos de México, ha sido testigo de cómo las unidades de cuidados intensivos se han llenado al 100% en las últimas semanas después que los mexicanos bajaran la guardia y comenzaran a tener más reuniones. El hospital envía ahora los casos críticos de COVID-19 a otros centros de tratamiento.

A título personal y no como postura de su hospital, Galindo también apoya una mayor realización de pruebas y considera que hay indicios de una nueva disposición a que se considere la idea, sobre todo con la llegada de nuevas pruebas de antígenos rápidas y baratas.

Salvo unos cuantos estados, ninguna autoridad en México ha intentado imponer un confinamiento o uso de mascarillas de manera obligatoria. Lo más que ha hecho la mayoría de las autoridades locales ha sido disponer el cierre de lugares de trabajo y multar o clausurar negocios que permitan la presencia de muchos clientes dentro a la vez. Más allá de eso la aplicación efectiva es casi nula en lo que se refiere a viajes, uso de mascarillas, así como realización de fiestas y bodas.