Venezuela: misterio en torno al encarcelamiento de exmarine

con la esperanza de que fuera su boleto a una nueva carrera en el agua, libre del difícil trabajo de seguridad privada que había realizado durante más de una década en el Oriente Medio, recienteme...

con la esperanza de que fuera su boleto a una nueva carrera en el agua, libre del difícil trabajo de seguridad privada que había realizado durante más de una década en el Oriente Medio, recientemente con la firma MVM, con sede en Virginia.

El Purple Dream, con su cabina de acero oxidado y una bandera estadounidense raída, zarpó en algún momento antes de marzo, según la familia de Heath. Hay relatos contradictorios sobre su itinerario, por ejemplo si se mantuvo por la costa centroamericana o se aventuró al este hacia el Caribe.

Sin embargo, el 9 de marzo tuvo que ser asistido en el mar por la Marina de Nicaragua cerca del puerto El Bluff, según un comunicado de prensa del ejército nicaragí¼ense. El 20 de marzo navegó hacia el histórico puerto de Cartagena, según las autoridades marítimas colombianas.

Además de Heath, estaban a bordo el capitán del barco y otras dos personas: Jason Phalin, un SEAL de la Marina recientemente retirado quien es instructor de armas para contratistas financiados por el Departamento de Estado, y Rickey Neil Gary II, un exreservista de los Marines quien, como Heath, participó en la invasión a Irak de 2003, y después hizo la transición a un trabajo en seguridad privada.

Ninguno de los hombres regresó las llamadas o correos electrónicos en los que se les solicitaba un comentario, y la familia de Heath ni siquiera supo sus nombres hasta que la AP los localizó en registros marítimos.

Tanto Heath como Gary habían viajado a Colombia cuando menos una vez antes. Según los registros de migración colombianos, ambos partieron juntos en una embarcación de la isla caribeña de Providencia con destino a México, en agosto de 2019.

El Purple Dream llegó a Cartagena sin previo aviso y reportando problemas mecánicos, pero los hombres nunca entraron legalmente al país, que estaba comenzando a cerrarse debido al nuevo coronavirus. El 23 de marzo, partió con los tres miembros de la tripulación a bordo, y listó como destino Corpus Christi, Texas, según los registros portuarios proporcionados a la AP.

Dos días después, Heath fue arrestado unas 12 horas tierra adentro por carretera. No es claro cómo se escabulló a tierra firme o por qué estaba tan determinado a ingresar a Colombia. Dijo a su familia que había ido a visitar a una novia de quien no sabían prácticamente nada.

En un puesto de control a la entrada de la ciudad de Bucaramanga, la policía descubrió en su bolsa tres cartuchos y 49 rondas de munición para una pistola Glock de 9 mm ”probablemente para un arma que guardaba a bordo del barco, dice su familia.

En una audiencia del 23 de octubre, los fiscales colombianos presentaron cargos de posesión de armas contra Heath, que conllevan penas de nueve a 12 años de cárcel. Dijeron que, al momento de ser arrestado, viajaba en una pickup Toyota destartalada con otras cinco personas.

Luis Leal, el conductor del vehículo pero no su propietario registrado, dijo a la AP que había recogido a Heath y a dos hombres y una mujer venezolanos en la intersección de Bosconia cuando conducía al sur desde Cartagena. Leal dijo que era un guardia de seguridad con licencia y por lo tanto estaba exento de la prohibición estricta para conducir durante la cuarentena. Para ganar dinero extra, ofreció llevarlos a Bucaramanga por unos 80 dólares por cabeza.

Dijo que el estadounidense iba acompañado por un traductor a quien identificó en una fotografía policial como Marco Antonio Garcés, uno de los venezolanos arrestados seis meses después con Heath en Venezuela. El otro hombre, identificado por los fiscales como Carlos Eduardo Estrada, fue condenado una década antes por extorsión, según muestran los registros judiciales venezolanos.

Estrada dijo a la AP que el grupo había viajado alrededor de Colombia y se unió a Heath en Tolu, una comunidad en la playa a unas cuantas horas al suroeste de Cartagena. Dijo que creía que Garcés, un pariente lejano, conoció a Heath cuando vivió en Estados Unidos, pero aseguró que desconocía qué estaba haciendo el estadounidense en Colombia. Como la familia de Heath, cree que pudo haber entrado inocentemente a Venezuela para llegar a su bote.

Silgessio Garcés, un oficial retirado de la Fuerza Aérea, dijo a la AP que su hijo perfeccionó su inglés cuando trabajó durante ocho meses como cocinero en Atlanta mientras trataba de conseguir asilo. Pero decidió regresar a casa en 2018 cuando enfermó su madre.

Dijo que, en febrero, el hombre de 24 años viajó a Colombia para tratar de renovar su visa para los Estados Unidos y se quedó varado allá cuando se declaró la cuarentena. No sabe dónde se quedó su hijo ni cómo logró mantenerse económicamente en Colombia, y tampoco mencionó ninguna relación con un estadounidense. Lo único que sabe es que, a finales de agosto o principios de septiembre, su hijo se escabulló por la frontera y el 9 de septiembre llamó desde la ciudad de Maracaibo, al oeste de Venezuela, para concretar el ser recogido en una ciudad a la mitad del camino a Caracas.

Llamó y dijo que estaba cruzando el puente del lago y que debería llegar por la tarde, dijo Garcés a la AP. Unas horas después, llegó una segunda llamada en la que Garcés, quien sonaba desesperado, espetó mamá varias veces antes de que la línea se cortara.

La familia de Heath no sabe qué lo llevó a cruzar hacia Venezuela. El año pasado, el Departamento de Estado recomendó a los estadounidenses no viajar a ese país y advirtió sobre disturbios civiles, hospitales en ruinas y el riesgo de arresto arbitrario o secuestro.

El contacto fue menos frecuente tras ser liberado de la prisión colombiana a mediados de abril, después de unas cuantas semanas, aunque continuó pidiendo dinero a sus familiares y amigos. En total, la familia ha contabilizado 27.000 dólares que le enviaron a Colombia.

Asustado por su experiencia en la cárcel, su familia cree que fue engañado o posiblemente extorsionado por personas que se aprovecharon de su desesperación por regresar a casa. En abril, dijo a su familia que viajó a Puerto Bolívar, en la península de La Guajira, en Colombia, creyendo que iba a tomar un barco a Aruba. Pero el barco nunca apareció. En junio su abuela falleció y se perdió el cumpleaños número 11 de su hijo.

En cualquier lugar del mundo que estuviera, siempre volaba a casa para su cumpleaños, dijo Rutherford, quien también estuvo encarcelado en el extranjero durante un mes, en Turkmenistán, durante una larga carrera petrolera en ambientes peligrosos y autoritarios. Incluso cuando estuvo desplegado en Irak, una vez voló a casa para una visita de tres días.

El Purple Dream fue visto después en Aruba, a donde llegó sin previo aviso al puerto de Oranjestead, alrededor de la medianoche del 21 de julio, con dos personas a bordo, según la Guardia Costera del Caribe de los Países Bajos. Las autoridades portuarias, por radio, dijeron al barco que las fronteras estaban cerradas debido al coronavirus.

El capitán me informó que han estado en el agua 20 días y están muy cansados, según el reporte de un funcionario del puerto sobre el incidente.

Finalmente, el barco y su tripulación, que dijeron habían zarpado de Key West, fueron escoltados al puerto. La embarcación permanece en la isla, pendiente de venta por parte del fiscal. No es claro qué ocurrió con los dos tripulantes, a quienes las autoridades de Aruba se negaron a identificar, o incluso por qué el barco atracó allí.

Ese es sólo uno de los muchos misterios sobre el tiempo de Heath en Sudamérica, y que se suma a la sensación de desesperanza de su familia. Sin embargo, aunque Trudy Rutherford dijo que desearía saber más sobre los esfuerzos de su sobrino, está segura de que él no hizo nada malo.

Cada día me despierto sintiéndome enferma y quiero vomitar, dijo Rutherford, con la voz alzándose de ira por el miedo a cómo sea tratado Heath. Sólo lo quiero de vuelta.

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Contribuyeron con este reporte los periodistas de The Associated Press Fabiola Sánchez y Scott Smith, en Caracas, Venezuela; Stephan Kogelman, en Bonaire; y el investigador Randy Herschaft, en Nueva York.

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Joshua Goodman en Twitter: www.twitter.com/APjoshgoodman