La pandemia cierra escuelas y obliga a los niños a trabajar

Tingal ha visto con horror cómo crece el trabajo infantil en un país que ya tiene uno de los peores récords del mundo.

Tingal ha visto con horror cómo crece el trabajo infantil en un país que ya tiene uno de los peores récords del mundo.

Una dura cuarentena nacional impuesta en marzo golpeó a la economía de India y llevó a millones de personas a la pobreza, lo que obligó a muchas familias pobres a poner a sus hijos a trabajar para subsistir. Cuando la economía abrió, decenas y miles de niños aceptaron trabajos en granjas y fábricas.

Este es un problema grave, dijo.

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Los expertos dicen que, en el pasado, la mayoría de los estudiantes que perdieron clases debido a crisis como la epidemia de Ébola regresaron cuando las escuelas reabrieron. Pero cuanto más se prolongue la crisis, es menos probable que vuelvan.

Yliana Mérida, investigadora de la Universidad Autónoma de Chiapas, en México, dijo que ahora más que antes, la pandemia ha convertido la educación en un lujo. Muchos padres optan por: ˜vas a hacer mano de obra para ayudarme en la casa y porque realmente ahorita lo necesitamos™.

En Nuevo Yibeljol, otra comunidad en las montañas de Chiapas, Samuel Vázquez, de 12 años, observa atentamente mientras su padre, Agustín, escribe sílabas en trozos de papel y los pega en la pared. Se sienta en una silla pequeña junto a su hermano y usan la cama como escritorio. Su padre se arrodilla entre ellos para intentar explicarles la lección.

Acaban de regresar de trabajar en los campos, algo que los hermanos solían hacer sólo los fines de semana. Desde que las escuelas cerraron en marzo, han trabajado entre semana; deshierban y ayudan con los cultivos.

Samuel disfruta del trabajo agrícola y un día quiere cultivar café y árboles frutales como su padre, pero extraña la escuela. Es buen estudiante y ayuda a sus hermanos menores. Me gustan mucho las sumas y leer, dice.

Él es de los afortunados porque su padre se toma el tiempo para ayudarlos a estudiar, aunque sólo tiene educación primaria.

Hago el esfuerzo, pero no es igual que un maestro porque yo soy un campesino, dice Agustín Vázquez, de 52 años.

Tiene 12 hijos, cuatro de ellos en edad escolar. Estuvo enfermo con COVID-19 y se recuperó. Ahora lo que le preocupa es el futuro.

No tenemos miedo del coronavirus, reconoce. Lo que nos preocupa mucho es la educación, que se está perdiendo.

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Valdez reportó desde El Alto, Bolivia, y Costa desde Tobatí, Paraguay. Contribuyeron con este reporte los periodistas de The Associated Press Tom Odula, en Nairobi, Kenia; Sheikh Saaliq en Nueva Delhi, India, y Christopher Sherman, en Ciudad de México.