Argentinos ven el atractivo de un Uruguay sin pandemia

y la del riesgo de multiplicar el coronavirus entre su población.

y la del riesgo de multiplicar el coronavirus entre su población.

Todos están esperando qué pasará con las fronteras. Económicamente los están encerrando. Las noticias están siendo peores. Por eso hay más ganas de venir. Están desesperados por salir. Uruguay va a tener que ponerse firme para evitar contagios, señaló Parodi. El flujo de ahora a fin de año seguramente seguirá, anticipó.

Victoria Granotich es una agente de bienes raíces con varios años trabajando en Punta del Este. No recuerda un invierno con tanta avidez por compra de inmuebles ni tantas preguntas de argentinos para construir.

Aunque recibe más consultas, no ha concretado tantas ventas. A futuro se van a hacer buenas ventas. Es un movimiento evolutivo, señaló a la AP.

Parodi entiende que la emigración a Punta del Este está preocupada por mucho de política, economía y también por la residencia fiscal. Eso porque el nuevo gobierno de Luis Lacalle Pou decretó la flexibilización de sus requisitos.

Las excepciones tributarias en Uruguay no son el único atractivo. En el país no hay una epidemia y destaca por su privilegiado estatus sanitario. El gobierno de Lacalle Pou ha hecho de la libertad responsable el lema de la campaña contra el coronavirus. En Argentina rige una cuarentena total y obligatoria desde hace seis meses.

El estatus sanitario de Uruguay con 252 casos activos de coronavirus, 46 fallecidos y en este momento sin pacientes en cuidados intensivos también es parte de la ecuación.

Me impresionó el buen manejo epidemiológico y las medidas contra el nuevo coronavirus, dijo Federico Van Geldern, administrador de empresas con posgrado en gestión de servicios de salud. Las medidas han sido acertadas y tomadas en consenso, explicadas a la población, hay buen nivel de información y eso hace al resultado. Se apeló a la responsabilidad social y es impresionante vivirlo, señaló este argentino de 60 años jubilado por su delicado corazón.

Van Geldern vive 50 kilómetros al oeste de Punta del Este, en un plácido balneario llamado Solís.

Con su pareja se mudó definitivamente desde Buenos Aires unos días antes del cierre de fronteras. En esta playa encontraron muchas de las variables importantes para vivir. Factores culturales similares entre los dos países, cercanía con la naturaleza y vivir con menos dinero, en calma. Están cerca de varias ciudades y a pocas horas de Buenos Aires, donde viven sus hijos.

Uruguay reúne muchas condiciones para nuestra ecuación en calidad de vida, dijo Van Geldern.

La pareja tuvo que atravesar varios problemas de salud y decidieron dejar atrás el frenesí porteño para concentrarse en los atardeceres de su nuevo hogar, donde el Río de la Plata se funde con el Océano Atlántico.

Es la segunda vez que Van Geldern abandona Argentina. La primera fue en 1994 tras una de las inflaciones más grandes que conoció el país. Me fui porque estaba cansado. Es un país muy cíclico y lamentablemente la historia lo demuestra, dijo.

Va a haber una corriente importante de migración desde Argentina. La pandemia se junta con un período de gobierno donde muchos no quieren permanecer. Se está produciendo una fractura social que va a ser dura con el tiempo, opinó Van Geldern. A esa división le dicen grieta en Argentina. Y no cierra cuando una sociedad se pone tan disfuncional, añadió el argentino.

La gente se separa, amigos de toda la vida no se hablan. Se cierran en su visión. El diálogo se acabó. Es el gran problema argentino, resumió Parodi.

Las personas quieren disfrutar de sus bienes sin culpa y con seguridad. Si la brecha se ensancha vendrá más gente, dijo Mariana Bakst afincada desde el verano en Punta del Este y nieta de uruguayo. En su infancia vivía en un barrio privado de Rosario, Argentina, luego se mudó a Belgrano en Buenos Aires y ahora busca la naturaleza, el glamour y lo bohemio de Punta del Este.