Presidente de Bielorrusia afronta un desafío en elecciones

Los bielorrusos votaban el domingo para decidir si otorgaban un sexto mandato a su autoritario presidente, tras una campaña marcada por manifestaciones inusualmente fuertes de personas frustradas con...

Los bielorrusos votaban el domingo para decidir si otorgaban un sexto mandato a su autoritario presidente, tras una campaña marcada por manifestaciones inusualmente fuertes de personas frustradas con la renqueante economía, la represión política y la tibia respuesta a la pandemia del coronavirus.

El mandatario, Alexander Lukashenko, que lleva 26 años en el poder, ha dejado claro que no dudará en aplastar cualquier intento de sus oponentes de protestar por los resultados de las elecciones del domingo.

Pero algunos votantes se mostraron desafiantes.

Ya no hay miedo. Los bielorrusos no se quedarán callados y protestarán bien alto, dijo el domingo Tatiana Protasevich, de 24 años, en un centro de votación en Minsk.

El jefe de gabinete de la principal candidata de oposición, Sviatlana Tsikhanouskaya, fue detenido el sábado por la noche supuestamente por participar en protestas, y es probable que esté en prisión al menos hasta el lunes. La propia Tsikhanouskaya dijo haber dejado su casa para pasar la noche en otro sitio porque temía por su seguridad.

Tsikhanouskaya, casada con un bloguero opositor que está en prisión, se convirtió en la principal candidata de la oposición después de que otros dos aspirantes conocidos vieran rechazadas sus candidaturas. Uno de ellos fue encarcelado y el otro, el exembajador ante Estados Unidos Valery Tsepkalo, huyó del país por temor a un arresto inminente.

Más del 40% del electorado votó por adelantado, según indicó la comisión electoral central al abrir las urnas el domingo. Es probable que la cifra aumente la preocupación en torno a la legitimidad de los resultados por la posibilidad de manipulación.

Durante cinco noches, nadie ha vigilado las urnas de votos, lo que da a las autoridades un amplio margen para maniobrar, dijo Veronika Tsepkalo, esposa de Valery Tsepkalo y miembro de la campaña de Tsikhanouskaya.

La Organización por la Seguridad y la Cooperación en Europa, que emite respetados análisis electorales, no fue invitada a enviar una comitiva de observadores.

Tsikhanouskaya ha recorrido el país, canalizando la frustración de la población con la jactanciosa respuesta de Lukashenko a la pandemia y con la economía del país, aún estancada en el modelo soviético. Uno de sus mítines en Minsk, la capital, atrajo a unas 60.000 personas, una cifra enorme en un país donde la disidencia se aplasta de forma habitual.

Bielorrusia, que tiene 9,5 millones de habitantes, ha reportado más de 68.500 casos confirmados de coronavirus y 580 muertes en la pandemia. Las voces críticas han acusado a las autoridades de manipular las cifras para minimizar la tasa de muertos.

Lukashenko anunció el mes pasado que se había contagiado del virus, pero no tenía síntomas de COVID-19 y se recuperó con rapidez, supuestamente gracias a hacer deporte. Defendió su gestión del brote, afirmando que una cuarentena habría condenado la debilitada economía del país.

Bielorrusia ha sufrido un duro golpe económico después de que su principal cliente de exportaciones, Rusia, entrara en una recesión provocada por la pandemia y otros mercados extranjeros se contrajeran. Antes del coronavirus, la economía controlada por el estado ya llevaba años estancada, avivando la frustración de la población.

Para algunos votantes, el largo y duro mandato de Lukashenko es un punto a su favor.

Es un político con experiencia, no un ama de casa que apareció de la nada y enturbió el ambiente, dijo el domingo el pensionista Igor Rozhov. Necesitamos una mano firme que no permita disturbios y revoluciones de colores, dijo en alusión a los alzamientos que forzaron la salida de mandatarios de Georgia y Ucrania.

Observadores políticos señalaron que la campaña electoral dejó al descubierto las divisiones entre la élite bielorrusa cuando algunos de sus miembros entraron en política por primera vez.

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Jim Heintz, en Moscú, contribuyó a este despacho.