Cuentacuentos entretiene a niños en la cuarentena en México

Percibald García se dio cuenta de que la cuarentena por el coronavirus era particularmente aburrida para los niños. Por eso el joven arquitecto decidió contarles cuentos.

Percibald García se dio cuenta de que la cuarentena por el coronavirus era particularmente aburrida para los niños. Por eso el joven arquitecto decidió contarles cuentos.

Casi todos los días desde inicios de mayo, el hombre de 27 años sale a un enorme conjunto residencial en Ciudad de México con un micrófono para contar cuentos a los niños, que se asoman a las ventanas para escucharlos.

Si bien la mayoría de los jóvenes hoy en día tienen celulares, tabletas o computadoras, García quiere que escuchen la voz humana y que se inmersen en los cuentos. Quiere que usen, así sea de lejos, las plazas públicas que han servido de centro de la vida social en México desde hace siglos.

Nos dimos cuenta de que prácticamente nadie estaba atendiendo la manera en que los niños están viviendo este encierro, declaró García el sábado.

Montando su micrófono en uno de los espacios entre los edificios residenciales, leyó El Tlacuache Lunático, un cuento de David Martín del Campo sobre una zarigí¼eya que sufre por su corta estatura. El animalito trata de alcanzar la luna para sentirse más alto. Una vez la alcanza, se la come, y tiene que pedir ayuda a otros animales para ver cómo la hacer regresar. Los demás cuentos son similares.

García suele preceder cada cuento con canciones de Francisco Gabilondo Soler, un célebre cantautor infantil que se hace pasar por un grillo llamado Cri-Cri. A veces vienen otros cuentacuentos, así como un titiritero. Y siempre, como ocurrió el sábado, los niños se asoman por la ventana para escuchar.

Al final de todo, se trata de un acto de solidaridad común en tiempos de pandemia, como hicieron los italianos cuando durante la crisis en su país se cantaban desde sus balcones, pero es también un intento de recuperar los espacios abiertos y contrarrestar la tendencia de los niños de hundirse en los dispositivos electrónicos.

En tres meses, todo se ha vuelto digital, el trabajo, los contactos, las compras, lamentó García.

Rogelio Morales escucha los cuentos desde la ventana del apartamento de su abuela. Desde marzo, este chico de 9 años ha pasado gran parte de su tiempo jugando videojuegos.

No he salido, por lo único que he salido es para pasear a mi perro y ya, comenta el pequeño.

Un poco aburrido, ya extraño la escuela, dice. Escuchar los cuentos está muy bonito, porque si tenemos algo que hacer o estamos muy frustrados, nos podemos relajar.