Dos hermanos al rescate de campesinos de Amazonía colombiana

La selva amazónica sigue produciendo frutas deliciosas sin importarle la pandemia del coronavirus.

La selva amazónica sigue produciendo frutas deliciosas sin importarle la pandemia del coronavirus.

Pero muchos campesinos y comunidades indígenas de Colombia no tienen forma de vender sus cosechas en estos momentos y de generar dinero para los gastos de la vida diaria.

Al ver lo que sucedía, sin embargo, dos hermanos lanzaron una iniciativa llamada Cosecha Trueque Amazónico, gracias a la cual decenas de personas hacen cola todos los viernes frente a un camión lleno de jabón, arroz, aceite y otros productos que cambian por frutas que de otro modo se habrían podrido ante la imposibilidad de hacerlas llegar al mercado.

Las frutas son transportadas por avión más de 1.000 kilómetros (600 millas) desde Leticia, localidad junto al río Amazonas en la frontera con Brasil y Perú, hasta Bogotá. Son entregadas en cajas mediante un servicio de suscripción, junto con información acerca de los frutos exóticos, la mejor forma de comerlos y su valor nutritivo.

El proyecto comenzó en marzo por iniciativa de Adriana Bueno, directora de Hábitat Sur, una ONG que trabaja con comunidades de la Amazonía, y su hermano Iván Bueno, que tiene una ferretería en Leticia.

Nuestro objetivo con esto es la soberanía alimentaria, entendida como el derecho de todo pueblo a escoger sus alimentos, a producir sus alimentos, y hacerlo de una forma consciente y respetuosa con el medio ambiente, declaró Iván Bueno.

Agregó que el coronavirus frenó la red de distribución. El sistema no está preparado para lidiar con esto. Hay que ser creativo.

Todos los viernes, los campesinos, generalmente mujeres de la comunidad de Nazareth en las afueras de Leticia, caminan o usan lanchas para llevar sus frutas al sector donde se hacen los trueques. Bueno y otros colaboradores entregan tapabocas y pagan con una moneda que crearon llamada Las Semillas. Los agricultores usan esa moneda para comprar productos.

Más de 3.500 personas se han sumado a este programa y se han entregado unas 250 cajas, según Bueno. Cuestan el equivalente a unos 30 dólares y su contenido depende de la cosecha. Las frutas van desde el copoazú, de la familia del cacao, hasta la baya aceitosa de la palma de acai, producto típico de la cocina amazónica que ha pasado a ser considerada un superalimento por su valor nutritivo.

Intentamos ir siempre con frutos silvestres. Aunque son muy delicados, logramos que lleguen sanos y salvos, expresó Bueno. Es un espectáculo, porque abres la caja y dices: ˜¿Qué es esto?™.

Bueno indicó que el proyecto por ahora no genera dinero. Las entregas son limitadas. Hay mucha fruta, que a veces se pudre en la selva húmeda antes de que pueda ser transportada a la capital. Pero Bueno dijo que la iniciativa está siendo elogiada por la comunidad, incluido un cura local que hace poco comentó que unía a la gente en torno a su tierra y a sus raíces en una época de crisis.

Eso, señaló, tiene un valor inconmensurable.

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